Yo le digo “La cárcel de los famosos”. ¿Por qué? Porque si usted, como yo, ha convertido a “La casa de los famosos” en el cañonazo del año por la indiscutible riqueza de sus participantes, esta ingeniosa producción, orgullosamente mexicana, no tendría por qué tener un éxito menor.
Se llama “Libre de reír” (“Laughing on the Inside”) y es el mejor invento en materia de “reality shows” desde que se creó “Shark Tank”.
¿Cuánto quiere que apostemos a que alguien va a comprar los derechos y que en menos de tres años lo veremos en versiones inglesas, estadounidenses, coreanas, brasileñas, turcas y argentinas?
Yo siempre he creído que Sofía Niño de Rivera tiene un talento excepcional. Después de esto, no sólo creo eso. Estoy convencido de que esta mujer es un genio, un ser humano fuera de serie. Por el amor de Dios, aplaudámosle todos.
En el muy remoto caso de que usted no sepa nada de esto, le explico:
Sofía Niño de Rivera fue la gran pionera del “stand up comedy” en México.
Es una mente privilegiada a la que hemos visto triunfar lo mismo en espectáculos capaces de llenar el Auditorio Nacional que en series o en “shows” grabados específicamente para las mejores plataformas del mundo como Netflix.
Sofía es una mente inquieta que además de que todo el tiempo está creando, utiliza la comedia para hacer labor social.
¿Sabe usted lo que se le ocurrió? Hacer un “reality shows” sobre los talleres de “stand up comedy” que da en las cárceles y el resultado es una gloria, una experiencia imperdible, una obligación para todas y para todos en este país y más allá de nuestras fronteras.
Este “reality” se llama “Libre de reír” y ya está en Prime Video.
Si usted pensaba que Wendy Guevara (a quien amo con toda el alma) era un descubrimiento mediático era porque no había visto a las presas, los presos y les preses de “Libre de reír”.
¡Jesucristo sacramentado! No hay manera de verlos y de no adorarlos con la misma fuerza.
¿En qué consiste la parte de “reality” de este proyecto de escasos cinco capítulos de menos de 45 minutos?
En ver a estos reclusos, divididos en tres grupos (mujeres, hombres y personas de la comunidad LGBT), conociendo a Sofía y aprendiendo a hacer comedia con sus historias, con sus realidades, desde cero.
Esto, que ya es fabuloso, no es nada en comparación con lo que sigue: verlos transformarse en comediantes hasta el momento de su graduación donde reciben la sorpresa de sorpresa:
Los mejores van a salir un par de horas de la cárcel para dar un espectáculo de “stand up comedy” en un teatro de la Ciudad de México con público de verdad.
No le voy a contar detalles para no arruinarle la experiencia, pero yo me la pasé llorando y riendo. Los episodios cuatro y cinco son la cúspide de muchas cosas hilarantes, hermosas, desgarradoras.
Siempre he creído que la comedia es sinónimo de inteligencia, algo muy importante que se presta para la crítica social, que cambia vidas.
“Libre de reír” me dijo: quítate que ahí te voy. En ese punto es cuando uno entiende cosas que ni siquiera había imaginado del espectáculo y de la comedia.
¿Por qué hay que ver esto? Porque es chistosísimo pero, además, porque al hacerlo uno va a tomar, gratis, el taller de Sofía Niño de Rivera.
Usted va a aprender de comedia, de “stan up comedy” y de la realidad de las cárceles que es millones de veces muy diferente a lo que vemos en cine, series y telenovelas.
“Libre de reír” es un gran ejercicio de reflexión social y psicológica, y yo le quiero dar las gracias tanto a sus responsables (no me quiero ni imaginar todo lo que tuvieron que hacer para concretar esto) como a las autoridades que permitieron que un proyecto así se pudiera grabar.
Sofía consiguió, en unas cuantas sesiones, el milagro de la verdadera readaptación social y eso no se paga con nada.
No se pierda “La cárcel de los famosos”. Luche con todas sus fuerzas por ver ya, pero ya, “Libre de reír” en Prime Video. Le va a gustar. De veras que sí.