María Victoria. María Victoria es un orgullo de México. María victoria es nuestra. María Victoria está viva y, como usted sabe, el pasado miércoles 25 de febrero se le hizo un homenaje en el Teatro de las Ciudad Esperanza Iris de la capital del país.
¿Cuál es la nota? Que no fue Bellas Artes. Fue en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris.
¿Esto es malo? Fue hermoso. Le explico: por alguna extraña razón, en este país casi no hacemos homenajes. Nos esperamos a que la gente muera para hablar bien de ella.
Y cuando homenajeamos a las grandes estrellas del espectáculo y de la cultura pasa algo horrible: nos sale el “cartón”.
¿Qué significa esto? Que nos ponemos como niño en festival del Día de las Madres de 1972: todos tensos, densos, intensos. Todos acartonados.
Aquello, más que un homenaje, parece un velorio. Siempre queda la sensación de que se le está rindiendo tributo a alguien porque ahí viene el zopilote, porque sabemos que se va a morir.
Y si es en Bellas Artes, peor tantito. Todas y todos amamos el Palacio de Bellas Artes pero como que han sido muy pocas las personas que han podido divertirse en ese espacio tan sagrado.
El hecho de que el homenaje a María Victoria haya sido en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris es un acontecimiento histórico y, al mismo tiempo, un éxito más de la administración de Clara Brugada.
¿Por qué? Porque a partir de esa noche el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris se convirtió en el gran teatro del pueblo de la Ciudad de México.
Fueron las mujeres y los hombres más humildes de las 16 alcandías de la capital de la nación las que se apropiaron de ese recinto, las que se formaron abarcando tres cuadras, con muchas horas de anticipación, para honrar a una de sus figuras más eternas, más queridas.
¿Sí entiende la magnitud de lo que le estoy diciendo? El homenaje a María Victoria no salió de la élite, vino del pueblo. Ahora sí, más claro que nunca, primero los pobres.
Guardando toda proporción, ¿sabe usted como se sintió aquello? Como el legendario Teatro Blanquita.
Ahí estaban las señoras, los señores, las niñas, los niños. Riendo, cantando, gozando, admirando, suspirando y, por supuesto, dándose un muy buen taco de ojo.
Y es que aquí está la otra nota. Atrás de esto estuvo la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México. Atrás de esto hubo muchas personas, muchas instituciones.
Pero hubo una agrupación que marcó la diferencia: Delirio Tropical.
No sé si usted las conozca, pero valdría la pena que las siguiera en sus redes sociales.
Delirio Tropical hace burlesque y gracias a eso el homenaje a María Victoria fue una oda al erotismo.
Sí, ya sé lo que usted debe estar pensando: ¿Qué tiene que ver eso con la inmensa María Victoria?
¡Todo! Porque erotismo viene de eros, vida, porque María Victoria está viva y, lo más maravilloso de todo, porque es una de las figuras más ejemplares de la historia cultural de México precisamente por su manejo del erotismo.
Hoy todo el mundo se escandaliza porque “las mujeres perrean solas”.
Perdón pero nuestra divina María Victoria gemía mientras cantaba que “sentía bonito” en 1951 y a diferencia de las chicas de hoy, se enfrentó a La Liga de la Decencia y padeció la censura, la censura de verdad.
Nada de que “te cancelo”. ¡No! Censura de la mala.
Y así, gimiendo, escandalizando a “Las buenas conciencias”, inspirando a Agustín Lara y a Pérez Prado, siempre ha sido una mujer empoderada, digna, tanto que se ganó el amor de la gran familia mexicana, hizo mucha televisión y siempre es la primera en cantarle a la Virgen de Guadalupe.
Delirio Tropical, hoy, es eso. ¿Ahora entiende la relevancia periodística del homenaje a María Victoria?
Felicidades a todas y a todos los que estuvieron ahí como la grandiosa Susana Zabaleta y el muy querido Pedro Kóminik. Felicidades a todas y a todos los que hicieron posible semejante acto de amor.
Pero, sobre todo, felicidades a María Victoria que a sus 103 años sigue siendo la diosa que nos une. ¡Gracias por todo, señora! ¡Gracias por tanto!