En México tenemos muchos problemas cuando hablamos de cine, televisión y plataformas.
Por un lado, creemos que el cine mexicano es el mejor del universo, que Hollywood mata por nosotros. ¡Puras mentiras!
Sí, González Iñárritu, Cuarón y del Toro son mexicanos, son unos genios, pero no son el cine mexicano y no son la nueva generación del cine mexicano.
Por si esto no fuera lo suficientemente preocupante, como el tema del cine nacional está politizado, la guerra no es por crear. No es por conquistar mercados.
La guerra es por atacar o por defender a la Cuarta Transformación y lo único que nos dicen es “Hay más apoyos” o “Hay menos apoyos”, pero usted y yo no elegimos lo que vamos a ver en función de eso. ¿O sí?
A todo lo que le acabo de decir súmele la crisis de las salas cinematográficas.
¿Alguien se ha preocupado por este tema teniendo del otro lado la posibilidad de quedarse en casa mirando los mejores estreno en las Apps?
No, todas y todos en el negocio del cine, en el último año, hemos estado más solas y más solos que nunca.
¿Cuál es el origen de todos los malos? Que nunca llegó la nueva ley de cinematografía.
Ahora hablemos de televisión, específicamente de las series, ese punto indefinido donde ya no estamos hablando de las televisoras pero donde tampoco estamos hablando de cine a pesar de que quienes tienden a hacer esto son las mujeres y los hombres del gremio cinematográfico.
Las mexicanas y los mexicanos creemos que somos muy humildes. Desde siempre nos han vendido esta idea.
La verdad es que somos increíblemente vanidosas y vanidosos e igual, creemos que el mundo entero lucha a muerte por ver nuestras series. Vemos los conteos de las plataformas y nos la creemos.
Le tengo noticias: salvo honrosas excepciones, nuestras series no le interesan a Latinoamérica. No hablemos del mundo.
Nos hemos vuelto asquerosamente locales. Nuestra visión global casi no existe. No somos tan buenos como creemos. Nos conformamos con muy poco.
¿Por qué le estoy diciendo esto? Porque me meto a las redes, pongo los medios y vemos muchas tonterías, “niñas” y “niños” jugando mal al “influencer” tratando de jalar agua para sus molinos reseñando como algo precioso lo que pasó en los sistemas de creación y distribución de contenidos en línea en 2025.
Tuvimos un año muy malo. Somos mexicanas. Somos mexicanos. ¡Y qué cree! Salvo Netflix, que hasta fue a “La mañanera del pueblo” a demostrar su interés en nuestra industria, en todas las otras plataformas internacionales bajó escandalosísimamente la cantidad y calidad de películas y series de este país.
Sí, hay una nueva casta divina de gente que hace mucho, que sale mucho y que se lo merece, se lo ha ganado, pero nos engañemos. En contraste con lo que tuvimos en 2024, en algunas marcas, de plano, no hubo nada de México. Nada.
Menos películas y menos series mexicanas es menos visibilidad para nuestra cultura, menos fuentes de trabajo, menos oportunidades para las nuevas generaciones.
Será el cambio de gobierno en Estados Unidos. Será el cambio de gobierno en México. Pero esto no está bien.
¿Qué pasó? ¿Dónde están las quejas? ¿Dónde están las críticas? ¿Dónde están las exigencias?
Esto es en las plataformas internacionales. ¿Qué pasó en el último año con las nacionales?
Algo muy curioso: se convirtieron en la primera ventana de algo que, después, o le llegará gratis a las multitudes a través de la televisión abierta o que invariablemente podremos ver en otros lugares como Comedy Central, Cineteca Nacional o Filmoteca UNAM.
Por tanto, el concepto de plataforma deja de ser una prioridad, deja de ser el mismo.
Las grandes marcas internacionales como Disney, Warner y Netflix estrenan primero en salas cinematográficas para ganar premios, para hacer más negocios.
Nosotros, en México, estrenamos primero en plataformas para perder premios, para hacer menos negocios, para llevar el negocio a otro lado. Es el mundo al revés.
¿Ya le va quedando claro por qué le digo que en este país tenemos muchos problemas cuando hablamos de cine, televisión y plataformas?
Urge que organicemos el changarro para 2026 antes de que nos vaya peor. ¿O usted qué opina?