'Niños de plomo' y la guerra

Ciudad de México /

La cosa está así: pongo las noticias y veo tremendas investigaciones especiales hablando de los efectos nocivos de ciertas “fábricas” en la salud de la gente que vive cerca.

Y si pongo la radio o me meto a las redes, peor: todo el tiempo me la paso entre los amantes del sistema y sus enemigos. Voy de la infodemia a la propaganda y del fanatismo al desprestigio.

En resumen: vivimos en el peor de los mundos posibles. Todo está mal. Nada funciona. No hay salida.

¿Qué hago para relajarme? Me meto a Netflix, pongo una miniserie.

¿Y con qué me encuentro? Con “fábricas” que dañan la salud de los que viven cerca, infodemia, propaganda, fanatismo y desprestigio.

¿Será casualidad o la cúspide de una conspiración perfectamente bien estructurada por una entidad extranjera mucho muy poderosa?

No sé pero para las personas que, como yo, estamos expuestas permanentemente a lo que pasa en los medios y en las redes, esto es bastante sospechoso.

¿Pero sabe qué es lo más terrible? Que lo que se plantea en esta miniserie sí pasó. Que está inspirada en hechos de la vida real. En algo que, nuevamente, sucedió hace mucho años en un país comunista.

¡Para que a nadie se le olvide! ¡Para que nadie se “confunda”!

¿Cuál es la nota? Que todo lo malo del pasado viene de ahí, del comunismo. Que los países capitalistas son perfectos, que ahí nunca ha pasado nada malo.

Urge que el mundo olvide películas como “El síndrome de China” y “El caso Silkwood” y que todo el tiempo estemos recordando, profundizando e insistiendo en miniseries como “Chernobyl”.

¿De qué miniserie le estoy hablando? De “Niños de plomo”, la nueva aportación global de Netflix que en muy poco tiempo se convirtió en su título número uno.

¿Está buena? No, está maravillosa, como todos los contenidos de ultraderecha de los que le he estado escribiendo últimamente.

¡Qué talento tienen los enemigos de las izquierdas para hacer series, miniseries, documentales y películas!

No hay manera de que uno mire materiales como éste y que no acabe odiando lo social, idealizando lo individual y amando a las derechas.

Como si allá nunca hubiera pasado nada malo. Como si en los gobiernos neoliberales no existieran la corrupción, la burocracia ni la incompetencia.

En verdad está muy fuerte todo el tema de la guerra ideológica a través del poder suave (soft power) y yo no veo que nadie lo comente, que a nadie le importe.

El problema es que puede más la ficción que el periodismo, y que todo el mundo está muy distraído reaccionando ante lo que pasa en los noticiarios sin darse cuenta de que aquí está la verdadera manipulación.

¿Podemos hacer a un lado el tema ideológico y, en este caso, quedarnos únicamente en la diversión? No. ¿Por qué? Porque es demasiado obvio, descarado.

“Niños de plomo” es una miniserie polaca que narra las aventuras de una doctora que, en los años 70, lucha contra el comunismo para salvar a los niños de una ciudad industrial de los efectos nocivos que una metalúrgica está provocando en su salud.

Las víctimas son niñas y niños. Incluso bebés recién nacidos. Dolorosísimo es poco.

Ella es una doctora rubia, ojo azul, preciosa, culta, alegre, sensual, excelente bailarina. Es perfecta.

Y sus enemigos son unos hombres malvados, panzones, sucios, ignorantes y rudos.

Todas son escenas de ella metiendo su pie recién salido del “pedicure” en charcos contaminados, arrastrándose en el lodo para salvar muestras de sangre. ¡Es una mártir!

“Niños de plomo” es como cine de 1945, pero como buen cine de 1945. En verdad su perfección literaria y cinematográfica es indiscutible. Y las actuaciones, sensacionales.

Luche con todas sus fuerzas por ver este lanzamiento pero, sobre todo, por entenderlo dentro del engranaje de la guerra ideológica que estamos viviendo.

Sólo así nos salvaremos. Sólo así conservaremos la salud mental y la estabilidad emocional.

No se trata ni de hablar mal de él ni de prohibirlo. Se trata de entenderlo. Sólo así. En serio. Sólo así. ¿O usted qué opina?


  • Álvaro Cueva
  • alvaromilenio5@gmail.com
  • Es el crítico de televisión más respetado de México. Habita en el multiverso de la comunicación donde escribe, conduce, entrevista, da clases y conferencias desde 1987. publica de lunes a viernes su columna El pozo de los deseos reprimidos.
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