Esta columna es para los amantes de las series. Por favor quédese hasta el final porque en verdad le voy a hablar de algo muy grande.
En Disney+ hay una serie que se llama “Paradise”. El año pasado me deshice en elogios hacia ella y no me equivoqué. Triunfó aparatosamente y se la pasó ganando premios.
¿Por qué? Porque era como volver a los tiempos de “24” pero con un montón de aportaciones dignas de “Stranger Things”.
O sea, entretenimiento total: política, adrenalina, conspiraciones, asesinatos, revelaciones. Imposible no amarla. En serio.
Cuando terminó dije: “¡Qué bonito! Esto, a todas luces, era una miniserie. ¡Gracias por participar! Pasemos a lo que sigue”.
No lo dije en mala onda. Lo dije porque su final fue tan contundente que no había manera de extenderlo, de esperar una temporada dos. Así es esto.
¡Pues qué cree! Esta joya del escritor Dan Fogelman (“This is Us”) sí era una serie. Y este señor es un genio tan grande, tan grande, pero tan grande que no sólo consiguió llegar a una segunda temporada.
¡No! Acaba de crear una saga tan espectacular o más que “The Last of Us”, “The Walking Dead” o “Wayward Pines”. De este tamaño de nota estamos hablando.
¿Ahora entiende por qué le estoy diciendo que esta columna es para los amantes de las series?
Hoy, cuando todo el mundo está distraído con contenidos vacíos que no conducen a nada, Disney+ nos está diciendo: “Vengan a mí. Acuérdense de lo que es bueno. Yo me voy a quedar con este mercado”.
Vamos a suponer que usted no sabe nada. ¿Hay que ver la temporada uno de “Paradise” para gozar la dos?
De que se la puede brincar, se la puede brincar, pero como yo quiero lo mejor para usted, mi más grande recomendación como crítico y como amigo es: deje de ver cualquier cosa que esté viendo y comience a disfrutar de “Paradise” desde el principio.
Si esto sigue como va, se va a convertir en una de las mejores series de esta década. De mí se acuerda.
¿Cuál es la historia? No se asuste. No le voy a vender trama. Son las aventuras de un señor muy cercano al presidente de los Estados Unidos luchando por impedir que todo colapse.
¿Cuál es la diferencia entre la temporada dos y la uno? Que la historia crece a un nivel alucinante. Le juro que, en algún momento, como yo, va a gritar de la sorpresa.
Y decir esto, hoy, cuando nada nos sorprende, es un milagro.
Para que entienda el tamaño de “show” al que se va a enfrentar, Disney+ comenzó subiendo tres episodios de esta superproducción de Hulu.
¿Por qué tres? Porque en esta nueva temporada hay tres ejes narrativos.
El primero, el de un personaje nuevo. Una mujer con un pasado mucho muy especial que no se rinde ante nada y que debe encontrar a alguien.
El segundo, el del protagonista original de este concepto. El señor muy cercano al presidente de Estados Unidos. Ahora convertido en otra cosa.
Y el tercero, el de la gente que mueve los hilos del poder. Políticos, multimillonarios y científicos capaces de todo con tal de salirse con la suya.
¿Ya se puso usted a pensar en lo que la suma de todo esto significa?
Estamos ante la consolidación de algo tipo “The Handmaid’s Tale”, “Breaking Bad” o “The Pitt” con una ventaja competitiva que vuelve única a esta serie: es familiar.
Tan lo es que esta producción de Streve Beers (“Taken”), en esta temporada dos, incluye lo que nunca nadie había incluido cuando hablábamos de estos niveles: niñas y niños. Así: en plural.
Es ir más allá de Grogu en “The Mandalorian” o de Egg en “El caballero de los siete reinos”. Es atraer a las audiencias más sensibles y desatendidas del mundo, crear audiencias, garantizar un futuro.
Está de más que le diga que las actuaciones son magníficas y los valores de producción, más.
Luche con todas sus fuerzas por ver lo nuevo de “Paradise” en Disney+. Le va a gustar. De veras que sí.