'Una familia de diez'

Ciudad de México /

No perdamos nuestra capacidad de asombro: el domingo pasado sucedió algo tremendo en la televisión abierta privada de este país.

Vimos el final de la cuarta temporada de Una familia de diez y ahí mismo, inmediatamente después, el estreno de la quinta temporada.

Fue el cañonazo del domingo, el más grande éxito del fin de semana, el fenómeno del que millones de mexicanos hablaron.

¿Qué tiene esto de tremendo? Primero, la confirmación de que la televisión abierta sigue siendo la ventana más importante, la más poderosa, de todas las que integran la industria de la televisión.

Segundo, que la familia Ortiz de Pinedo sigue dominando el lenguaje de la verdadera televisión abierta. Esto es lo que se tiene que hacer ahí. No series tipo Netflix, no reality shows tipo cable.

Tercero, el reposicionamiento de la comedia como género de expresión dramática.

Cada vez hay más personas hablando con respeto de nuestros comediantes.

¡Esto no lo veíamos desde que las telenovelas ascendieron al horario nocturno en 1976! Es un notición que lo cambia todo. ¡Todo!

Cuarto, que ese asunto de manejar las comedias mexicanas por temporadas, como si fueran series gringas, es un error.

¿En verdad podemos hablar del final de una temporada y del principio de otra, así, sin haber esperado precisamente a que pasara una temporada, un mes, un día o, mínimo, una hora?

Esto es inimaginable a nivel industria. Algo impensable para cualquier casa productora de cualquier país sin importar si se está trabajando para la pantalla de Amazon, para la de HBO o para la de Warner.

¿No sería más fácil regresar a nuestro modelo nacional de unitarios cómicos permanentes como en los tiempos de Chespirito, Raúl Astor y Humberto Navarro?

Y quinto, ésta es una noticia tremenda porque consolida a Televisa como la máxima creadora de contenidos humorísticos de todo el mundo de habla hispana.

Nadie produce más ni mejores programas cómicos hoy que el consorcio de Emilio Azcárraga.

¿Así o más claro que volvemos al origen? ¿Así o más claro que en tiempos de crisis, el humor es fundamental?

Pero, ojo, insisto, en televisión abierta, el humor de televisión abierta, el humor de Una familia de diez.

Lo invito a que se meta a Blim y analice estos dos programas. Son una cátedra de lo que se debe hacer en una señal como la de Las Estrellas.

Son grandes actores de ayer, de hoy y de siempre, contándonos una historia de familia con magníficos personajes para todos los perfiles de audiencia habidos y por haber, inyectándole gags y ritmo.

No hay manera de ver estos episodios y de no involucrarse, de no divertirse, de reír.

Por si esto no fuera suficiente, como el eje dramático era todo lo que pasaba antes, durante y después de una boda que no le voy a platicar para no arruinarle la experiencia, el resultado se volvió doblemente entrañable.

Fíjese lo que le voy a decir por sí está muy grueso: Una familia de diez se ha convertido en el nuevo espejo de la sociedad mexicana.

Esto no sucedía desde los tiempos de La vecindad del Chavo.

Es un tema que amerita una enorme felicitación, pero también un análisis muy profundo.

¿Quién es usted dentro de este programa? ¿Plácido, Martina o don Arnoldo? ¿Qué representa ese departamento?

No se trata sólo de reír, se trata de entender con lo que nos estamos riendo y esto sólo sucede muy de vez en cuando en la televisión abierta nacional. ¿O usted qué opina? ¡Felicidades!


alvaro.cueva@milenio.com


  • Álvaro Cueva
  • alvaromilenio5@gmail.com
  • Es el crítico de televisión más respetado de México. Habita en el multiverso de la comunicación donde escribe, conduce, entrevista, da clases y conferencias desde 1987. publica de lunes a viernes su columna El pozo de los deseos reprimidos.
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