Una semana, la presidenta le da al tema de las redes sociales. Otra, a los derechos de las audiencias. ¿No es como demasiada casualidad?
Está pasando algo tan serio, tan serio, pero tan serio con el tema de los contenidos que, obviamente, la oposición, sus aliados y una que otra despistada, uno que otro despistado, ya están rasgándose las vestiduras afirmando que esto es censura.
No, señoras. No, señores. Es el infierno y si no hacemos algo pronto, todas y todos, independientemente de nuestras ideologías, vamos a acabar más que jodidas, más que jodidos.
Esto va a doler, pero lo tengo que decir. Ni modo: vamos a la deriva en todo lo que tiene que ver con información.
Desde hace muchos años, desde antes de que comenzara la Cuarta Transformación, nos quedamos sin periodismo.
Sí, siempre hay excepciones. Pero son tan pocas y el “hate” las aniquila tan rápido, que es como si no existieran.
Ponga hoy usted el medio o la red que quiera a la hora que quiera, ¿y con qué se va a encontrar?
Con propaganda institucional, propaganda corporativa, provocaciones deliberadas, adoctrinamiento, activismo, infomerciales encubiertos, los negocios del algoritmo y mesas de opinión que navegan con la etiqueta de mesas de análisis entre muchas, muchísimas otras perversiones editoriales.
Nada de esto tiene que ver con información. Nos encanta porque nos estimula, porque nos tiene permanentemente “drogados”, participando, adulando nuestra vanidad, viviendo la fantasía de que siempre tenemos la razón.
Pero la información es otra cosa que a veces nos puede gustar, que a veces no, pero que es indispensable para nuestra vida cotidiana, para el desarrollo de los pueblos.
No por nada la información es un derecho humano. Cuando los medios y las redes juegan a lo que casi siempre juegan, están violando nuestros derechos humanos.
Esto no es un chiste como dicen en “Las mangas del chaleco”. La información, insisto, también es un derecho humano. Y cuando se viola de manera sistemática, aunque no deje cadáveres visibles como otras violencias, nos deja a todas y a todos en la indefensión.
Y antes de que usted me miente la madre en las redes sociales o de que trate de bloquear mis ideas con argumentos como “Emilia Pérez”, le aclaro que yo, como profesional del monitoreo, a diario me topo con decenas de violaciones a esto tanto por el lado de los medios privados como por el lado de los medios públicos.
Todas y todos tienen cola que les pisen. Y todas están igual de largas. ¿Ahora entiende por qué le digo que esto es el infierno? Somos un país sin información. Somos una humanidad desvalida.
El gran investigador Gabriel Sosa Plata acaba de publicar un libro titulado “Ética en radio y televisión desde las defensorías de las audiencias” que nadie se debe perder. En mi muro de Facebook alvarocuevatv le voy a dejar el link para que lo descargue gratis.
En él habla de casos muy fuertes, muy recientes, que van de Carmen Aristegui a Laura Bozzo y de Jorge Armando Rocha a El Temach.
Por favor lea este material en lugar de seguir alimentando su rabia con las “aportaciones” de medios privados y públicos, y con las de una larga lista de políticos de partidos como el PRI y Movimiento Ciudadano.
Obviamente a estas personas, a estas entidades, no les conviene que avancen los lineamientos generales para la protección de los derechos de las audiencias que está moviendo la presidenta.
¡Se les van a acabar los negocios editoriales! ¡Van a tener que señalar cuando están informando, de verdad, y cuando están opinando!
¡Van a tener que decir si les pagaron o no por lo que están diciendo! ¡Van a tener que decir si su jefa, si su jefe, les ordenó atacar o defender a un gobierno, partido, religión, empresa, institución o personaje!
Y aquí está lo más relevante de esta iniciativa: no es sólo para los privados. Si avanza, también obliga a los medios públicos, a las redes del propio gobierno, a sus voceros y aliados a cumplir con las mismas reglas.
Esto, venga de quien venga, es ponerle un límite al poder, incluyendo al poder en turno. ¡Es histórico!
Si esta propuesta avanza, todas y todos vamos a salir ganando: gente de derecha y gente de izquierda, mujeres y hombres, personas adultas mayores e infancias. ¡Todas, todos y todes!
Porque, le guste a quien le guste o le moleste a quien le moleste, sólo la verdad nos hará libres y el único camino para salir del infierno es el arrepentimiento.
Arrepintámonos todas y todos tanto en medios como en redes de lo que hemos hecho y volvamos al periodismo, volvamos a la información, volvamos a la verdad. ¿O usted qué opina?