"La casa de los mañosos"

Ciudad de México /
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Mierda. Mierda pura. Eso es “La casa de los mañosos”. Eso es lo que usted se mete al cerebro cada vez que la mira. Eso es lo que usted está metiendo a su casa cada vez que la pone en el televisor.

¿Pero quiere que le diga qué es lo más repugnante de esta historia? Que lo que le estoy diciendo ni siquiera tiene que ver con una postura política.

Tiene que ver con redes sociales y medios de comunicación. Tiene que ver con ética. Tiene que ver con leyes.

No me asusta que hablen mal de las políticas ni de los políticos de Morena. Me asusta que las autoridades, así, sin partido, lo permitan porque eso significa que le tienen miedo al escándalo.

Me asusta que los dueños del formato y de los derechos de transmisión de “La casa de los famosos México”, no protesten, no demanden, que no hagan nada para impedir esto porque significa que están coludidos.

Me asusta que TV Azteca la esté incluyendo como parte de la programación de su canal Azteca Uno porque eso significa que esa empresa está detrás de esto, que nació desde lo clandestino, colocándola en una posición muy delicada frente a su código de ética, sus accionistas y sus anunciantes.

Pero espérese. Todavía no acabo. Me asusta que mis compañeros periodistas e influencers de las fuentes de política, entretenimiento y cultura no estén haciendo escándalo porque eso significa que no les importa.

Un gremio al que no le importa una violación tan grande a los más elementales derechos humanos es un gremio en problemas.

Por más molestas y molestos que estén por ese error imperdonable de las “listas” que se expusieron en “La mañanera del pueblo”, cruzarse de brazos no es un acto de venganza. Es responderle a un error con otro error.

En resumen: aquí, ¡todo mal! Y la gente que lo hace tan lo sabe que sus videos inician con leyendas que anuncian que los van a censurar.

Perdón, pero bajar o retirar del aire un ejercicio que viola la ley no es un acto de censura. Es justicia.

El Artículo 219 de la Ley en Materia de Telecomunicaciones y Radiodifusión (2025) dice, literal:

“II Evitar las transmisiones contrarias a los principios de paz, no discriminación y de respeto a la dignidad de todas las personas;

III Evitar contenidos que estimulen o hagan apología de la violencia”.

Promover el odio es promover la discriminación (Fracción II) y es la antesala de la violencia (Fracción III).

En resumen: “La casa de los mañosos” viola la ley.

Esto no es un chismecito viral que morirá a los pocos días como el escándalo de Pedro Sola.

Es un problema monumental que si no se resuelve de inmediato, hará escuela y alterará nuestra vida nacional no sólo en términos electorales. En términos de seguridad, salud y educación.

¿Lo vamos a permitir? ¿Lo vamos a celebrar?

“La casa de los mañosos” es un contenido muy caro, muy planeado y muy bien producido que apareció hace varias semanas en las redes sociales.

Desde el domingo 23 de agosto, se transmite por Azteca Uno. Ahora está en televisión lineal.

Se supone que, al igual que “La casa del privilegio” en su momento (2023), es una parodia de “La casa de los famosos México” pero con políticos.

¿Cuál es el problema? Que igual y como está pasando hoy con los programas de humor político de nuestros medios públicos, aquí todo es unilateral.

¿Y? Si ellas y ellos se la pasan burlándose de la derecha, ¿cuál es la bronca de que “La casa de los mañosos” se burle de la izquierda?

Que aquí no tenemos actrices ni actores de cabaret creando un contenido. Que aquí no tenemos gente valiente asumiendo la responsabilidad de sus actos. Todo está hecho desde el anonimato con inteligencia artificial.

Alguien tomó la cara, el cuerpo y las voces de gente como Marco Antonio Regil, Andrés López Beltrán, Layda Sansores, Rubén Rocha Mora, Cuauhtémoc Blanco y Félix Salgado Macedonio, para manipularlos.

Esa entidad no sólo los ridiculiza, los hace afirmar que cometieron delitos. Con sus caras. Con sus voces.

Por favor no confundamos la caricatura con la deepfake. Por favor no confundamos el humor con el trolleo. Por favor no confundamos la parodia política con la violencia digital.

Ojo: tan mal está esto como lo que tenemos en los medios públicos. No estoy defendiendo una posición política. No nos confundamos. No se puede hacer crítica del poder desde la arbitrariedad.

La nota en el caso muy específico de “La casa de los mañosos” tiene que ver con el uso indebido de la inteligencia artificial. Tiene que ver con el uso de esa tecnología para hacer acusaciones.

Más allá de que si a usted o a mí se nos hace chistoso, picante o catártico poner al hijo de Andrés Manuel López Obrador asumiendo problemas psicológicos en un confesionario o que le avienten una torta a Citlalli Hernández y que ella la atrape en el aire como un animal muerto de hambre, esto no se puede permitir.

Primero, porque es la puerta de entrada para cosas peores. Y, segundo, porque va en contra de la ley.

Es enfermo que usted y yo nos la pasemos oyendo spots sobre la manera tan contundente como nuestra nueva Ley Federal de Cine y el Audiovisual prohíbe el uso de inteligencias artificiales, mientras que en televisión abierta privada nacional tenemos “La casa de los mañosos”.

¿Quién está detrás de esto? ¿Quién hace el render? ¿Quién paga la pauta en Meta y en TikTok? ¿Quién lo llevó a Azteca Uno? ¿Por qué? ¿Para qué?

Luego, si gusta, nos peleamos sobre este asqueroso giro que ha tomado la parodia política en la televisión mexicana y del cada vez más patético contraste entre los presupuestos de los contenidos de nuestros medios públicos y la espectacularidad de esta clase de ejercicios.

Hoy el tema es esta cadena de violaciones a nuestras leyes. Hoy el tema es “La casa de los mañosos”. Uno de los contenidos más nocivos de toda la historia de la televisión nacional. Mierda. Mierda pura. ¿A poco no?


  • Álvaro Cueva
  • alvaromilenio5@gmail.com
  • Es el crítico de televisión más respetado de México. Habita en el multiverso de la comunicación donde escribe, conduce, entrevista, da clases y conferencias desde 1987. publica de lunes a viernes su columna El pozo de los deseos reprimidos.
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