Hoy domingo 25 de junio también es un día histórico para nuestro país porque, en un acto de genuina desesperación, multitudes de muchos rincones de la nación han decidido salir a marchar por los derechos de los animales y contra la violencia.
Sí, yo sé que en un lugar con tantos asesinatos, desapariciones y monstruosidades esto suena extraño, pero precisamente por eso se tiene que hacer: porque no debe ser extraño.
Los animales son seres tan vivos como usted o como yo, y deberían tener tantos derechos como usted y como yo.
Es imperdonable lo que hacemos con ellos en México. Si no hablamos de historias como la del perro Scooby (Benito) podemos ir a ver lo que ocurre en las granjas avícolas, en los rastros y en los ranchos.
La lista de irregularidades en este sentido es tan inagotable como la cantidad de obstáculos que los activistas de los animales están enfrentando en todo el territorio nacional.
Qué vergüenza que el maltrato animal en México sea una tradición. Qué lamentable que tratemos de encontrarle justificación a estos actos que también son de odio.
Qué penoso que tengamos que salir a las calles a reclamar por esto, a pelear por esto, a llamar la atención por esto cuando los animales hacen tanto por nosotros.
¿Por dónde quiere que empiece? Es que, de veras, esto da para un libro.
En el muy remoto caso de que usted no sepa qué es lo que se está buscando con estas manifestaciones, seré breve:
Las personas que marchan quieren un cambio en la constitución, quieren que, palabras más, palabras menos, los animales dejen de ser objetos propiedad de alguien y que sean reconocidos como lo que son: una extensión de nuestras familias.
No se trata de poner a competir la figura de un animal contra la de una hija o contra la de un hijo sino de que entendamos la relevancia que los animales tienen a nivel social y personal, y que a partir de eso construyamos una nueva relación con ellos.
Los animales sienten. Los animales están conscientes. Y hablamos lo mismo de perros, gatos y peces que de osos, leones y jaguares.
Como dicen los activistas, necesitamos una Ley General de Protección Animal.
Un país que maltrata a sus animales, no puede ser un buen país. Así como somos los primeros en gritar ¡Viva México! y pararnos el cuello con nuestros logros, tenemos que aspirar a ser los primeros en preocuparnos por esto.
El día que estemos en paz con nuestros animales, estaremos en paz con nuestras mujeres, con nuestros desaparecidos, con nuestros miembros de la comunidad LGBTTTIQA+, con nuestras personas con discapacidad, con nuestros pueblos originarios y con todo eso que tanto nos preocupa.
Porque el amor que los animales son capaces de dar permea todas las capas de la sociedad sin importar género, nivel socioeconómico ni nada de nada.
Ojalá que nuestras autoridades entiendan y que los documentos que están haciendo fila en lugares estratégicos como el Senado de la República lleguen a donde tienen que llegar porque esto no puede esperar más.
Y no, por favor no juguemos a defender lo indefendible con argumentos fuera de contexto.
Vivimos en una época muy diferente a la de nuestros abuelos, a la de la Revolución Industrial, a la de cualquier período de la historia.
¡Felicidades a todos los que salen a marchar por los derechos de los animales y contra la violencia! Ya era necesario. ¿O usted qué opina?