Como un crítico profesional que lleva 39 años viendo cómo el Estado ha premiado y castigado a los medios en su afán por regularlos, veo con interés, pero también con preocupación, el debate que nuestra presidenta ha abierto en torno a las redes sociales, los teléfonos celulares y las inteligencias artificiales en las infancias mexicanas.
Esto va tan en serio que todos los lunes se tocará el tema en “La mañanera del pueblo” y tendremos foros en diferentes puntos del país.
Me sumo y hago, desde aquí, 15 recomendaciones con mucho amor, con mucho respeto.
Uno: Claudia Sheinbaum debe ser muy inteligente a la hora de seguir invirtiendo su tiempo y su energía en esta historia porque, si no lo hace bien, se podría entender como un distractor.
Dos: Urge que la presidenta perfeccione la manera como está comunicando este asunto para que no cometa los errores que AMLO cometió durante su administración.
Tres: ¿O qué, a usted ya se le olvidaron monstruosidades como Refugio, Prudencia, Esperanza y Aurora del “Escuadrón de la salud”? ¿Quiere volver a los “spots” del elote ganándole a la dona?
Cuatro: Partir de la satanización presidencial de cualquier cosa no abre el debate. Obliga a los seguidores a apoyar y a los detractores, a contradecir. Es pésimo porque impide que haya resultados reales.
Cinco: Me preocupa que esta campaña se pudiera interpretar como una desacreditación de la tecnología. No es sano que la opción para combatir las innovaciones sea regresar al trompo y al yoyo.
Seis: Que no se les olvide a los asesores de Claudia Sheinbaum que nuestra presidenta es, ante todo, una científica. Por favor no le sugieran decir cosas que nunca diría una científica.
Siete: Así como hay estudios sobre el impacto negativo de las redes sociales, de los teléfonos celulares y de las inteligencias artificiales, hay otros que hablan bien de estas herramientas.
Ocho: Recordemos que si no hubiera sido por la tecnología y las redes sociales, la izquierda mexicana se hubiera quedado muda en los tiempos de PRIAN.
Nueve: Se requiere de una precisión quirúrgica para que regular estas cuestiones no se confunda con censurar, especialmente ahora que la derecha viaja por el mundo digital.
Diez: La vida me ha enseñado que cuando algo se prohíbe, se vuelve más popular. No hay nada más suculento que la tentación, especialmente en tiempos de guerra ideológica.
Once: Si queremos que las infancias conserven su inteligencia y su salud física y mental frente al impacto de las tecnologías, lo que tenemos que hacer es educarlas, prepararlas, desarrollar su conciencia crítica.
Doce: Eliminar factores como educación y conciencia crítica en este conflicto es adultocentrismo. Equivale a menospreciar a las niñas y a los niños. Manda el mensaje de que no queremos que piensen.
Trece: ¿No es un tanto extraño que en el combate a las “malas” plataformas, a las “malas” herramientas y a los “malos” contenidos no se esté estimulando a los medios públicos?
Catorce: Estimular a los medios públicos no es encubrirlos. Es recuperar Canal Once, recontratar a los despedidos, devolverles el salario a quienes se los bajaron e incentivar a las personas, no desmotivarlas.
Quince: Estimular a los medios públicos es darles recursos, no para que sigan jugando a ser los enemigos de los privados, para que se conviertan en una opción real frente al impacto de las redes sociales, de los teléfonos celulares y de las inteligencias artificiales. ¿O usted qué opina?