Adiós al marxismo

Ciudad de México /

Arriba en la montaña, entre senderos que con la primera lluvia se deshacen en barro y bajo una niebla caída a ras de suelo borrando el contorno de los bohíos dispersos en la ladera y haciendo casi imposible mirar más allá de un par de metros, Marx tantea a ciegas los troncos de las palmas y aparta los helechos en busca de un enchufe. Su computadora se ha quedado sin pila. Marx Arriaga, el director general de Materiales Educativos de la SEP, se ha atrincherado en su oficina, su personalísima Sierra Maestra, pero le urge conectarse a Facebook y desde ahí hacer la revolución.

La gruesa humedad que se le ha pegado al cuerpo ha convocado a los mosquitos y a los jejenes que no paran de zumbar con disciplina revolucionaria. A pesar de ello, Marx no se va a quitar su suéter naranja, porque ese es el que trae puesto desde el viernes, cuando llegó el abogado y los policías que acompañaban la diligencia para notificarle que lo habían cesado. Ese suéter naranja ya no es una prenda: es uniforme. Es símbolo. Es la prueba textil de que no ha descendido de la montaña y que continúa en pie de lucha.

Hasta el instante en que escribo esta precisa línea, Marx Arriaga sigue apostado en su personalísima Sierra Maestra de avenida Universidad en la alcaldía Benito Juárez. Hasta el último minuto que revisé, sigue transmitiendo en Facebook su programa “Protesta y Propuesta”. Está convencido de que él tiene que salvar a lo que sea que haya que salvar, de quien sea que haya que salvarlo.

Si a usted le suena a broma, lo es. Lo es desde el instante en que Marx Arriaga ofreció las muñecas y  lanzó la frase que pretendía elevar el trámite administrativo a escena histórica. “¿Quieren esposar a quien hizo los Libros de Texto Gratuitos? Adelante”. 

Melodramático, sin duda, pero eficaz como escena. Un escándalo. Otro más.

El problema es que hasta en los escándalos hay jerarquías. Y este pertenece más al género del vodevil que al de drama político. Una comedia de enredos ideológicos transmitida en vivo.

Un chiste.

El tema es que un partido que se precie de ser serio no puede acumular escándalos que provoquen risa. La política admite conflicto, pero no sobrevive al ridículo reiterado. Hasta en los escándalos se debe ser serio.

A pesar de ello, lo verdaderamente revelador fue el silencio. Las redes no se movieron para defender a Marx. Lo habitual es que, ante cualquier escándalo en Morena, se active la maquinaria digital para defender a la persona en medio del desastre. Esta vez no ocurrió.  No hubo maquinaria digital en modo épico. Hubo memes, muchos, pero no consignas. Pareciera entonces que la Presidencia promovió la salida de Marx.

Con lo cual, aquí tenemos los verdaderos escándalos.  Primero: los Libros de Texto tienen problemas; necesitan modificarse. Segundo: por eso  están dispuestos a enfrentarse a Marx, un personaje tan cercano al ex presidente y su esposa. Tercero: si, como dice el secretario de Educación y el propio Marx confirma, se le ofreció una embajada para que su salida fuera más suave, quiere decir que el servicio diplomático sí es el basurero de la política nacional. Y cuarto: habrá que bajar a Marx de su Sierra Maestra y recordarle que las revoluciones que empiezan ahí terminan esperando a que regrese la luz.


  • Ana María Olabuenaga
  • Maestra en Comunicación con Mención Honorífica por la Universidad Iberoamericana y cuenta con estudios en Letras e Historia Política de México por el ITAM. Autora del libro “Linchamientos Digitales”. Actualmente cursa el Doctorado en la Universidad Iberoamericana con un seguimiento a su investigación de Maestría. / Escribe todos los lunes su columna Bala de terciopelo
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