Diarrea explosiva

Ciudad de México /
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M+.- De todo lo que le ha sucedido a nuestro país en las últimas semanas, quizá lo más preocupante sea la aparición de múltiples casos de “diarrea explosiva”. Imagino lo que imagina. Basta escuchar el nombre para que a uno se le revuelva el estómago. Sin embargo, así es como se conoce popularmente el padecimiento. Algo difícil de transitar y, aún más, de presenciar. Evacuaciones frecuentes, repentinas, imposibles de contener.

Hasta donde se sabe, lo provoca un parásito microscópico llamado Cyclospora Cayetanensis, que viaja oculto entre las hojas de la “lechuga mexicana”. Ya sé, ni me diga: uno se siente afiebrado y con náuseas tan solo de saber que le pusieron nacionalidad a la lechuga. Estados Unidos registra ya cientos de casos, algunos graves, que han requerido hospitalización, por lo que se investiga el brote y, por el momento, han suspendido la compra y el consumo de nuestra compatriota hortaliza.

En México, en cambio, no parecen haberse dictado medidas de contención. Tanto en el centro del país —de donde es originaria la lechuga— como en Baja California y Sinaloa —entre otras entidades de la República—, tal parece que siguen sirviendo lechuga mexicana en las hamburguesas y en las ensaladas porque la incontinencia declarativa ha sido muy lastimosa. Lo que se ha visto con mayor frecuencia, sobre todo entre nuestros políticos, han sido descargas retóricas, evacuación de responsabilidades, verborrea, argumentos acuosos y flujo de desmentidos. Una realidad indigerible.

Piense tan solo en los síntomas de Marina del Pilar Ávila, gobernadora de Baja California, a quien, por cierto, Estados Unidos le retiró la visa hace ya algunos meses, por temas que no han quedado aclarados plenamente. Al respecto, el periodista Héctor de Mauleón ha revelado ya tres audios en donde se escucha a la gobernadora morenista tratando de negociar con abogados y posibles asesores del FBI. Al ser confrontada con los hechos, la funcionaria reconoció que era su voz, pero a partir de ahí el discurso se le aflojó y su versión comenzó a soltarse. No hay duda, se trata de “diarrea explosiva”, porque comienza con los mismos síntomas siempre. Diciendo que ella ama a Baja California y a los bajacalifornianos, que nunca va a traicionar ni a su país ni a su estado y que fue víctima de una trampa. A partir de ahí no para. Inconsistente e incontinente.

El problema es que para evitar una posible extradición la gobernadora dice textualmente: “yo estoy dispuesta a decirles lo que he escuchado en las mesas de seguridad”. Algunos dicen que eso sí es atentar contra la soberanía nacional. Puede ser, a nivel clínico —por lo menos— es la prueba de que la gobernadora es positiva a la enfermedad de la lechuga mexicana.

Como era de esperarse los movimientos peristálticos y los ruidos intestinales que se provocaron llegaron hasta la mañanera. Y ahí vino lo más preocupante.

La Presidenta solo dijo que la gobernadora ya había respondido y el secretario Harfuch que no le preocupaba lo dicho porque en las mesas de seguridad no se comparte información sensible. Olía todo a descompuesto.

¿Estarán ellos también enfermos?

Mientras llega el doctor, aprovechemos que tenemos periodistas dispuestos a poner al gobierno bajo el microscopio antes de que nos enfermemos todos. 


  • Ana María Olabuenaga
  • Maestra en Comunicación con Mención Honorífica por la Universidad Iberoamericana y cuenta con estudios en Letras e Historia Política de México por el ITAM. Autora del libro “Linchamientos Digitales”. Actualmente cursa el Doctorado en la Universidad Iberoamericana con un seguimiento a su investigación de Maestría. / Escribe todos los lunes su columna Bala de terciopelo
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