La historia es perfecta. Lección de primer grado y resumen de lo que somos. Victoria Dorenlas (conocida también como Dorantes) era mesera en un bar frecuentado por destacados hombres de la época. Una mujer de tez morena y rasgos indígenas sensuales. Tan guapa, que llamaba la atención de cualquiera. Ese día fue la del famoso pintor Jorge González Camarena quien, más afiebrado por lo que veía que por lo que bebía, le pidió que posara para él. El esposo de Victoria, un guardaespaldas de pocas palabras, dijo solo una: no. No le dio permiso. Sin embargo, una riña hizo que quedara viuda a los 19 años y, después de los 40 días de luto oficial, además de dejar de recibir órdenes de un policía venido a menos, decidió también dejar de recibir órdenes de los que le pedían tragos como pretexto para mirarla y así convertirse en lo que quizá siempre fue: la Patria. De esa manera todos conocimos a Victoria: la imagen de portada de nuestros libros de texto.
Vestida de blanco: bella, recia, serena, invencible. Orgullosa al frente de la bandera ondeante que ella misma sostenía. A ninguno se nos olvida nuestra Patria.
Así aprendimos. En nuestros libros de texto y nuestros libros de ejercicios que resolvíamos con lápiz porque el papel era tan corriente y poroso que se chupaba la tinta manchando de manera incomprensible las respuestas. Hoy los niños aprenderán en los nuevos libros de texto que recibirán en poco más de un mes y que han levantado una enorme polémica. La mayoría de la información de cómo fueron concebidos y las personas que participaron en su creación fue reservada de manera sospechosa e incomprensible por los próximos cinco años y, a pesar de ello, así como con nuestros libros aprendimos lo que era nuestra Patria tan solo con ver la portada, con estos libros aprendimos lo que es nuestra nueva Patria tan solo con el anuncio de su llegada.
Aprendimos que la confrontación nacional es insalvable: nuestra Patria está dividida. No hay vuelta atrás, esto no va a cambiar hasta que termine el sexenio. Este Gobierno no acepta una opinión y menos una crítica. Jamás da una explicación y mucho menos un paso atrás. Que hay cosas que nos ocultan y que jamás sabremos. Entendimos que esta forma de gobernar provoca la formación de dos bandos: los indignados y los que aún confían en que todo conducirá a un bien mayor. Los que llevan las críticas al nivel del escándalo y los que defienden a muerte lo indefendible. Y esto que digo es una verdad científica porque nadie, salvo unos pocos especialistas, han leído los libros. Ni los que los critican ni los que los defienden.
La semana pasada escuché lo imposible: personas con grado académico defender que los libros digan “vistes” o “dijistes”, que se equivoquen en el Natalicio de Juárez y que las matemáticas pierdan su calidad de materia de estudio. También escuché el grito de “¡comunistas! ¡con nuestros niños no!”, pero lo peor fueron las soberbias declaraciones del encargado de los libros, Marx Arriaga, que en el nombre lleva la cursi pretensión. Los padres están preocupados. La tinta ya llegó al río. De ahí que a partir de hoy el Presidente tuviera que improvisar y abrir una reunión de aclaraciones por la tarde.
¿Enmendará la plana? No lo creo, vamos en el quinto año, nos sabemos de memoria la lección.