Un inmenso logro. Así, en tres palabras y sin darle vueltas. El hecho de que el Frente Amplio hubiera nombrado a Xóchitl Gálvez como futura candidata a la Presidencia de México es un acontecimiento que marca la historia política de nuestro país no solo desde uno, sino desde varios frentes: las primeras elecciones primarias, en alianza, con presencia de la sociedad civil, con un acuerdo y con una mujer. Ahora bien, si por la inmensidad del logro alguien esperaba que los de enfrente, es decir, el partido oficial, lo recibieran de manera democrática o, por lo menos condescendiente, pues no, eso ya es otra cosa.
Esto es una guerra. Está en juego el territorio. Ese que se explica por la geografía del poder, pero ante todo, por el territorio simbólico de la esperanza. “La esperanza de México ya cambió de manos”, dijo ayer la “candidata presidencial” a los pies del Ángel de la Independencia. Tiene razón, el Presidente ya no detenta el monopolio de la esperanza y quizá esa sea su pérdida más grande. Un pedazo de esperanza ya no es suyo y se nota que tanto a él como a sus seguidores les molesta haberlo perdido, fingen que ese pedazo aún les pertenece. De ahí los constantes y por momentos engañosos intentos por demeritar el logro.
Hace cinco años, en su primer Informe de gobierno, el Presidente cerró con una frase que cayó con el peso de una losa. Aseguró que la oposición estaba “moralmente derrotada”. Tenía razón. Hoy la frase se tornó ligera, dejó de ser verdad. A la oposición le tomó cinco años inspirarse. Sin embargo, la semana pasada lo logró. “Presidenta, presidenta”, coreaban en el Palacio Legislativo la entrada de Xóchitl Gálvez justo el día del quinto Informe de gobierno. Era el “día del Presidente” y, en el lugar en donde tradicionalmente el Presidente en turno daba su informe, el coro se robó la nota al grito de “presidenta, presidenta”.
Inmenso logro. De ahí que hasta necio resulte pensar en si las formas del presidente del PRI fueron las correctas al cerrar el acuerdo. ¿En serio? El presidente del PRI anuncia por primera vez en la historia de su partido que no llevará contendiente de sus filas a la Presidencia, se alínea con el PAN, levanta la mano de una mujer, ¿y eso nos parece poco?, ¿nos parece mal? Por primera vez en nuestras vidas despertamos y el dinosaurio no estaba ahí. El famoso cuento de Monterroso con el que los mexicanos explicábamos nuestra vida política se desvanecía y, aunque tal vez sea tan solo por unos días, ¿nos parecía poco?
Claro que a todos los que se inscribieron les hubiera gustado llegar hasta la consulta. Más que los que querían votar por Beatriz, los que querían hacerlo por Xóchitl. Sentir la emoción de participar, ser parte de su triunfo. Pero ¿y si en verdad había grupos que querían reventar la consulta? Para entonces Xóchitl ya había ganado, por lo tanto la decisión no era antidemocrática, simplemente pragmática.
Por eso, cuando el Presidente dice que él ganó la apuesta, que él sabía que Xóchitl iba a ser la candidata, hay que dejarlo pasar, no hacer caso. Una bala que esquivar en esta guerra. Con la esperanza y alegría con la que ella surgió, que Xóchitl iba a ser la candidata no solo lo sabía el Presidente, lo sabíamos todos.