¿Por qué nadie baja esa bandera y la pone a media asta? El Zócalo está de luto. Las piernas que tomaban el sol desde un balcón se han ido. Jamás volverán. Ay, Florencia, qué pena. Te cerraron la ventana. Te corrieron por tus piernas que ya jamás subirán las escaleras de Palacio Nacional. Paradoja de la escritura y de la política: no te despidieron por una gran falta, sino por un mínimo descuido que dejó ver algo mucho más delicado que tus muslos y tus pantorrillas.
Y es que lo delicado, Florencia, no fue que pusieras tus piernas al sol. Lo delicado fue que al hacerlo, exhibiste a plena luz del día, el Instructivo de Comunicación del Gobierno. El manual de operación.
Negación. Este primer paso se activa a la mínima provocación. Y es que si tus piernas son delicadas, Florencia, el poder lo es más aún. Todo lo amedrenta. Todo le incomoda. Vio unas piernas y reaccionó como si hubiera visto un barco con huachicol, restos de petróleo en una playa, fuego en una refinería o un senador señalado por corrupción. Botón de pánico. Negarlo todo. Cualquier adúltero lo sabe: negar aunque te encuentren en la cama. No fui yo. La realidad siempre es la culpable de haber sido vista.
Hacer de la negación una causa. Negar no basta. Por minúsculo que sea el hecho, hay que volverlo una causa que divida y polarice: siempre podrá servir en la próxima elección. Para lograrlo se agregan datos, voces, porcentajes y se espera a que la mentira bien vestida, pase por verdad. En tu caso, Florencia, dijeron que el video era 71% falso. ¿Te imaginas? Dijeron que 71% de tus piernas eran mentira. Qué ganas de preguntarles a los que tantas veces te negaron a días de la Semana Mayor, por qué se llaman Infodemia. ¿Una plataforma que trata de prevenir la desinformación o en realidad lo que hace es provocarla y por eso le pusieron así?
Victimización. Función indispensable para evadir el hecho. Tomar aquello que los exhibe y volverlo una agresión contra el movimiento. Cambiar con prestidigitación política, el centro moral de la escena. El arte de convertir una vergüenza propia en una canallada ajena. No pensar más en unas piernas al sol, sino en la perversidad del adversario.
(Nota: tomar en cuenta que dicho por la Presidenta suena aún mejor).
A pregunta expresa sobre tus piernas, Florencia, nuestra mandataria respondió: “¿Y qué dice del PRI en el 68, y qué dice de la guerra contra el narco, y qué dice de las represiones de Zedillo y qué dice de los 500 muertos de Salinas, y que dice de…” Ay, Florencia, a este paso, tus piernas van a resultar culpables de una guerra.
Minimización. Una vez descubiertos y sin posibilidad de escapatoria, minimizar el hecho. “No está prohibido tomar el sol”, dijo la mandataria. Y después de una disculpa, Infodemia dijo que así pasaba en el periodismo y que, aunque mínimo, ellos aceptaban su error, no sin acusar a los que según ellos lo habían “magnificado”. Esto no es nada, lo terrible es lo otro.
Sacrificio. Ay, Florencia, qué pena me da que te hayas convertido en una ofrenda. Piensa, sin embargo, que tus piernas lograron algo extraordinario. Exhibieron cómo funciona el sistema y cómo opera la mentira. Ay, Florencia, nos dijeron que si llegaba una llegaban todas, pero no, Florencia. Tú no.