M+.- “No pasa nada” es de esas frases que se dicen cuando algo pasa. Una pequeña mentira cotidiana, de esas a las que uno se acostumbra sabiendo que son mentira. Uno sabe que sí pasó. El otro también lo sabe. Pero ambos aceptan meter eso que pasó dentro del cajón de lo tolerable.
Parto de esta frase mínima para hacernos una pregunta más grande: ¿cuánto tiempo tardamos en acostumbrarnos a una mentira? No digo en creerla. Eso sería más fácil. En aceptar que nos están mintiendo y, aun así, tolerarlo. ¿Cuánto tiempo tardamos en mirar para otro lado? ¿En dejarlo pasar?
En 2023 Morena inventó una mentira para adelantar la campaña Presidencial. ¿Para qué? Para tener ventaja sobre sus competidores, salir antes de la línea de arranque, construir recordación antes y meterse en la conversación antes. Pero no lo dijo así. Como era ilegal, inventó una competencia interna para obtener un cargo un tanto cursi: Coordinadores de Defensa de la Cuarta Transformación.
Para ese cargo compitieron: Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard, Gerardo Fernández Noroña, Adán Augusto López y Ricardo Monreal. El país se tapizó de ilegalidad: bardas promoviendo a uno y a otro “coordinador”. Como era lógico, eso provocó amplia indignación. Y, aunque es cierto, el Tribunal Electoral no estaba totalmente capturado como lo está hoy, desde entonces la decencia ya era minoría. La magistrada Janine Otálora dijo entonces que se debería suspender el proceso porque se trataba de una simulación para evadir la ley, lo cual vulneraba la equidad en la contienda, impedía una fiscalización adecuada y atentaba contra la integridad del proceso electoral.
“No pasa nada”, pareció decir más de la mitad del Tribunal que ya estaba tomado. El resto es historia. La coordinadora resultó ser Claudia Sheinbaum. La candidata terminó siendo Claudia Sheinbaum y nuestra presidenta es Claudia Sheinbaum.
Hubo amagos, inconformidades, gestos de ruptura. Sin embargo, al final operó otra de nuestras mentiras mexicanas: “no es para tanto”. Y ahí quedó la cosa.
Hoy volvieron los coordinadores. Cambiaron la escala y engordaron el nombre. Ahora van por las gubernaturas de 2027 y aspiran a ser: Coordinadores Estatales en Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional.
Lo interesante no es que Morena repita el mecanismo, es que ya casi nadie se escandaliza. El PAN, entendiendo que la denuncia servía menos que la imitación, creó sus “Coordinadores de la Defensa de la Patria, la Familia y la Libertad”. El PRI prefirió llamar a los suyos “Defensores de México”.
Y el que demostró que la mentira es ya parte del sistema fue Félix Salgado Macedonio, quien por la cláusula de antinepotismo de Morena no puede optar por la gubernatura de Guerrero que hoy ocupa su hija. Entonces intentó meterse por una rendija y burlándose de la burla, dijo que él no quería ser candidato, tan solo coordinador. A lo que le dijeron que no, que el papá tampoco podía ser coordinador. Una burla de la burla de la burla.
Lo que nos lleva a concluir que México no es el país en el que más se cree en las mentiras. Pero sí es, sin duda, el país en donde más rápido aprendemos a convivir con ellas.
Ya ni siquiera nos indignan. Nos hacen gracia y, como ve, no pasa nada.