Raspadito y geopolítico

Ciudad de México /

La entrevista al salir de la Casa Blanca fue en kalaallisut, es decir, en groenlandés. Un idioma con gramática aglutinante que construye palabras larguísimas que se expresan en frases. El idioma, considerado por muchos como “imposible”, usa sonidos inuit o árticos, vocales largas, consonantes dobles y una gran cantidad de sufijos. A pesar de ello, cuando a la ministra de relaciones exteriores de Groenlandia se le quebró la voz por las lágrimas, todo mundo entendió.

Dicho en groenlandés, la frase sería: dolorosa distancia entre lo que se desea y lo que realmente se puede lograr. Impotencia. O, lo que es lo mismo: Macron, Zelensky y media Europa apretujados en un sillón como niños en la dirección de la escuela, para poder encorvarse alrededor de un celular y escuchar la reacción de Trump al informarle que aceptaron su plan. Una fase temprana del síndrome Delcy: llamar propio a lo dictado y domesticar los músculos de la cara para que no se note que estás comiendo mierda.

Y como en este nuevo mundo que nos ha tocado estrenar y solo mirar, uno se puede reír aún de lo más trágico ¿por qué no también apostar?

Después de las lágrimas en la garganta de la canciller de Groenlandia, las apuestas subieron: 24  por ciento a favor de que Estados Unidos adquirirá parte de Groenlandia, 11 por ciento a que la invadirá y 40 por ciento a que le pondrá tarifas.

No es ciencia, no hay ningún tipo de inteligencia detrás de estos números, sencillamente consiste en lo que la gente cree, un sí o un no, una percepción. Un negocio que está dejando amplios beneficios y, al fundador de Polymarket —la más famosa de esas plataformas—lo convirtió en el multimillonario self made más joven del mundo a los 27 años.

Mercados de predicción en donde ahora mismo usted puede apostar dinero real en forma de criptomomendas sobre si ciertos eventos ocurrirán o no. Si cuando se cumpla el plazo sucede aquello por lo que apostó, gana. Una opción a la lotería y a lo que se puede hacer a las dos de la mañana cuando ya cerraron el bar. “Dinero fácil” habría que explicarle a la canciller cuyo país lleva décadas buscando su independencia. Un raspadito de alta geopolítica.

Hay mercados tan absurdos y enloquecidos como el que pregunta si Claudia Sheinbaum saldrá de la presidencia con un 8 por ciento a favor y si Estados Unidos invadirá México también con 8 por ciento. No si habrá “operativos conjuntos”, no “presión diplomática”, no “nuevas tarifas”. Invadir. Atacar. Palabras lo bastante elásticas para inflar los discursos nacionalistas, lo bastante huecas para servir de gasolina electoral y lo bastante alarmistas para construir un discurso que le sea de interés a algún biógrafo —si es que nuestros políticos tienen alguno—.

Es evidente, la plataforma contiene el dinero de mucha gente aburrida, el de traders profesionales aprovechando rumores y el de grupos ipolíticos intentando mover corrientes de opinión, pero también es cierto que la opinión de los demás resulta un refugio para el miedo que provoca este mundo y sus líderes. Pánico administrado. Si sube la apuesta, sube el miedo; si baja, nos tranquilizamos. La apuesta como una exhalación, como salida de emergencia, como forma primitiva de recuperar el control en un mundo que ya no nos incluye ni nos pregunta y, con suerte, ganarle algo a estos desgraciados.


  • Ana María Olabuenaga
  • Maestra en Comunicación con Mención Honorífica por la Universidad Iberoamericana y cuenta con estudios en Letras e Historia Política de México por el ITAM. Autora del libro “Linchamientos Digitales”. Actualmente cursa el Doctorado en la Universidad Iberoamericana con un seguimiento a su investigación de Maestría. / Escribe todos los lunes su columna Bala de terciopelo
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