'Soberaníafest'

Ciudad de México /

M+.- A lo largo del último año y medio —después de la llegada de Donald Trump a su segundo mandato— el mundo ha vivido bajo una pedagogía feroz: aranceles usados como garrote, amenazas convertidas en política exterior, guerras inesperadas, turbulencias financieras, mercados en constante sobresalto y gobiernos enteros aprendiendo a caminar sobre vidrio. Todo por decisiones de Trump. En medio de las embestidas y, a pesar de la incertidumbre, hay una lección que ningún país y ningún político puede decir que no entendió: pelearse con Trump es la peor idea de este mundo. De ahí que, después del discurso de ayer de nuestra Presidenta, la pregunta no es por qué decidió enfrentarlo. La pregunta es mucho más peligrosa: ¿qué tan grave será lo que sabe Rocha Moya que prefieren pelearse con Trump antes que entregarlo?

Lo dijo el propio gobernador el día que recibió la acusación de Estados Unidos: “este ataque no es únicamente a mi persona, sino al movimiento de la cuarta transformación, a sus emblemáticos liderazgos…”. La frase no fue una defensa. Fue una advertencia. Rocha Moya no habló como un acusado que se sabe solo. Habló como parte de un sistema. Es decir: “si se meten conmigo, se meten con ya saben quiénes”. Tan clara la declaración, tan visibles los aludidos, que debería funcionar como epígrafe del discurso presidencial.

Ha pasado más de un mes desde que llegó la solicitud de detención de Rocha Moya y el gobierno no ha tenido respiro. Han intentado recuperar la iniciativa y recomponer la narrativa, pero no han podido. Los números de Morena y de la Presidenta han resentido el golpe. Sin embargo, nuestra mandataria mantiene un muy importante 60 por ciento de aprobación.

En comunicación estos elementos hacen olvidar cualquier idea de una cortina de humo y pensar mejor en una nueva estrategia, siendo que tienen el suficiente capital político para hacer el viraje, operarlo de manera efectiva y convertir la acusación en causa. Por eso convocaron de última hora al mitin del Monumento a la Revolución. No era una celebración. Era la presentación de un cambio de estrategia. La arquitectura del discurso los delató.

El informe de los logros no era el objetivo: 40 por ciento duraron los logros, 60 por ciento la explicación de la nueva estrategia. El cambio llegó cuando, sin hablar de las acusaciones de narcogobierno contra Rocha Moya, nuestra Presidenta dijo que había una campaña de los sectores conservadores tanto nacionales como internacionales, refiriéndose a Estados Unidos. Excelente blindaje. A nadie se le ocurriría pensar que denunciar una campaña en su contra era el vehículo ideal para que la Presidenta presentara una campaña a su favor. Soberanía vestida de nacionalismo. Y no solo como narrativa. El partido en el poder tiene las mayorías suficientes para haber acelerado la semana pasada dos cambios brutales: abrió la puerta para anular triunfos opositores si consideran que hubo injerencia extranjera y amplió a 17 años el plazo de los magistrados del Tribunal Electoral, hoy afines a Morena.

De aquí en adelante cambia la estrategia. Al Narcofest se le opondrá el Soberaniafest. A la acusación, la bandera. A los expedientes con pruebas, la patria. Y al miedo de que Rocha Moya hable, el grito organizado de que a México no se le toca.


  • Ana María Olabuenaga
  • Maestra en Comunicación con Mención Honorífica por la Universidad Iberoamericana y cuenta con estudios en Letras e Historia Política de México por el ITAM. Autora del libro “Linchamientos Digitales”. Actualmente cursa el Doctorado en la Universidad Iberoamericana con un seguimiento a su investigación de Maestría. / Escribe todos los lunes su columna Bala de terciopelo
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