Verdad barata

Ciudad de México /
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Tan fácil que podrían ser las cosas si uno no estuviera empeñado en complicarlas.  Ahí tiene usted el debate sobre los  derechos de las audiencias. La semana pasada nuestra Presidenta dijo que no iba a censurar a nadie. No es que explicara cómo le iba a hacer para no hacerlo, pero lo repitió durante cuatro días seguidos. “No tiene nada que ver con censura”—dijo—. “Esto es falso, no hay censura ni va a haber censura”—repitió—“Es absolutamente falso que el objetivo del Gobierno sea censurar”—volvió a decir después— “¿Cómo vamos a querer censurar? “— siguió—. “Si hubiéramos querida censurar ya lo hubiéramos hecho” — siguió y seguirá—.

En el fondo está diciendo la verdad.  Ella no va a censurar a nadie.  Será el propio dueño del medio el que censure. Con la nueva ley las multas podrían llegar a ser tan altas que, antes de quebrar, será él quien se verá obligado a censurar a sus colaboradores.  Él es el que les dirá a sus periodistas que no tienen por qué buscar una verdad alterna, si el Gobierno ya tuvo la gentileza de proporcionarnos la verdad oficial.

¿Para qué pagar reporteros de investigación, protegerlos y contratar abogados para defender lo que encuentren, si tenemos a Ernestina Godoy en la FGR?  Basta con que le quite el celofán a la carpeta, nos diga que ya la empezó a armar y, con el tiempo, ella nos dirá qué pasó. Créale a Ernestina. Ahora bien, si acaso reservan la información por algunos años, no se preocupe. Seguro será por nuestro bien, mientras tanto, creámosle todos a Ernestina.

¿O es que acaso usted se opone a los derechos de las audiencias? Imposible. Quién podría negarse a que las audiencias tengan un defensor frente a los medios que opinan de manera distinta  a lo que dice nuestra Presidenta en la mañanera. El derecho nos otorgará una autoridad que nos proteja del riesgo de escoger. Y no será una autoridad cualquiera, será nuestra misma Presidenta.

Piénselo, ni siquiera hará falta distinguir entre información y opinión como exige la nueva ley. Bastará con anunciar: “Esta es la versión del Gobierno”. La frase servirá como fuente, aval y seguro contra accidentes. No exige investigar, contrastar ni documentar. Solo repetir. Con lo cual, por si fuera poco, estaremos ahorrando.  Esta será una verdad más barata.

Todo se vuelve sencillo cuando uno acepta la lógica correcta. Morena es amor y la oposición, odio, como nos ha dicho Ariadna Montiel, presidenta de Morena. El Gobierno informa y los otros desinforman. El Gobierno explica y los demás sacan de contexto. La versión oficial no necesita probarse porque viene certificada de origen.

Con ello alcanzaremos una pluralidad admirable. No esa antigua en la que diferentes medios ofrecían versiones distintas. Una pluralidad moderna: la misma versión en cien noticieros, con diferentes conductores y escenografías. Muchos micrófonos, una sola voz.

Durante años llamamos a la prensa perro guardián de la democracia. Ya no será necesario.  Este gobierno no lo necesita. Basta explicarle a este perro cuánto puede costar cada ladrido, él solo entenderá.

Sit. Stay. Quiet.

Buen perro.


  • Ana María Olabuenaga
  • Maestra en Comunicación con Mención Honorífica por la Universidad Iberoamericana y cuenta con estudios en Letras e Historia Política de México por el ITAM. Autora del libro “Linchamientos Digitales”. Actualmente cursa el Doctorado en la Universidad Iberoamericana con un seguimiento a su investigación de Maestría. / Escribe todos los lunes su columna Bala de terciopelo
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