La lista negra, pero ¿Y La blanca?

  • Vertebral
  • Ángel Carrillo Romero

Laguna /
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Adela Micha, Joaquín López-Dóriga, Carlos Loret de Mola, Víctor Trujillo, Denise Dresser, Carmen Aristegui, Ciro Gómez Leyva, Jorge Ramos, Javier Alatorre, Leo Zuckermann, Sergio Sarmiento... La lista sigue.

Desde la mañanera, en el espacio llamado "Derecho de Réplica", la consejera jurídica del Ejecutivo, Luisa María Alcalde, presentó un supuesto "ecosistema digital" coordinado. 

Según la versión oficial, periodistas, comentaristas y opositores se articulan como conspiradores para atacar la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum.

Hay que ser rigurosos en el análisis: en lo personal, coincido en que algunos nombres de esa lista ejercen un golpeteo burdo y estridente que dista mucho de la crítica periodística seria. 

Pero meter en el mismo costal a comunicadores que han forjado una trayectoria sólida cubriendo la historia contemporánea del país suena, francamente, a una teoría del complot.

No es lo mismo que Luisa María Alcalde exprese esta postura en una charla privada o en su oficina, a que lo haya expuesto desde el estrado mediático más poderoso de este país. 

La exlideresa de Morena salió después en redes a matizar, negando la existencia de "listas negras" y asegurando que solo se trató de un "análisis técnico". Pero el daño de la estigmatización desde el poder ya estaba hecho.

Lo verdaderamente revelador de este ejercicio no es lo que mostraron, sino lo que decidieron ocultar.

Si Luisa María Alcalde insiste en que esa no es una lista negra, sería sumamente ilustrativo que, desde esa misma palestra pública, nos presentara la "lista blanca". 

Esa lista donde figuran los comunicadores que la Cuarta Transformación considera "justos", aquellos que, según el criterio de la autoridad, ejercen "correctamente" la profesión.

Esa "lista blanca" revelaría los criterios a modo con los que el Estado pretende normar el criterio de la ciudadanía. 

Un gobierno verdaderamente democrático no le teme al disenso, ni reparte patentes de legitimidad a la prensa; entiende que no le corresponde dictar cómo se ejerce el periodismo, porque la prensa no nació para complacer al poder, sino para fiscalizarlo.

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