Las cartas de amor de una jubilación

  • Vertebral
  • Ángel Carrillo Romero

Laguna /
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Anselmo, Filemón, Pánfilo, Máscara, Ramón, Duranguita, Rocinante, Logan, El Pancho y El Colorado. 

No son simples nombres en un padrón municipal; son las miradas de una resistencia silenciosa que durante años recorrió el asfalto hirviente de nuestra ciudad.

Ocurrió este jueves, en la Plaza Mayor de esta ciudad, 130 caballos, burros y mulas se jubilaron formalmente con el arranque del programa "De la herradura al motor". 

Una iniciativa que sustituye la tracción animal por unidades motorizadas, retirando del desgaste físico a estos seres sintientes sin condenar el sustento de quienes dependían de ellos.

Durante generaciones, el retiro de escombro ha sido el pan de miles de hogares. 

Por eso, el momento más conmovedor no estuvo en las cifras de inversión ni en los discursos oficiales, sino en las manos de los propios carromateros. 

Hombres de rostro curtido por el sol portaban cartulinas hechas a mano con mensajes que quebraron a más de uno: 

"Te voy a extrañar, Serafín, que te vaya bien", firmaba Luis Antonio; mientras otro trabajador le dedicaba un sincero y rudo adiós a su compañero: "Te voy a extrañar, pinche Pancho".

A esa ola de afecto se sumó un gesto anecdótico: el propio alcalde de Torreón, Miguel Ángel Riquelme adoptó de manera personal al burrito "El Pancho", asegurándole un retiro de descanso y cuidados permanentes.

La iniciativa, impulsada junto a la Defensoría Animalista Laguna, transforma la historia de 260 familias que recibieron motocarros equipados.

Mientras los trabajadores modernizan su oficio, más de un centenar de equinos pasarán a santuarios y procesos de adopción para conocer, por primera vez, el reposo absoluto.

Ver a un carromatero abrazar por última vez a su animal antes de soltar el arnés es la prueba de que la tecnología solo cobra sentido cuando nos ayuda a ser más humanos.

Torreón avanza en su infraestructura, pero su verdadero progreso se mide en la compasión. 

Ceder la herradura al motor no es únicamente un cambio de transporte en las vialidades; es el triunfo de la empatía sobre la costumbre y la lección de que el trabajo digno y el amor por la vida sintiente sí pueden andar por la misma acera.

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