La invitación que hace Enrique Carrasco s.j. con las fotografías de su exposición dedicada a la Madre Tierra, es un pase usted ¿desea comprometerse con el cuidado a la Madre Tierra, que a final de cuentas, es nuestra casa?
Entonces entré a la Galería Universitaria de la Ibero Torreón, después recorrimos los alrededores del edificio de actividades estudiantiles en la universidad y no pude evitar ese dejo de compromiso por salvar mi propia existencia a través de hacer algo desde mi trinchera, tener en orden mi hogar, no tirar basura, no ser indiferente a las causas comunes, que son todas las que involucran a los seres vivos del planeta y no tirar lo insinuado con imágenes por el sacerdote que tiene más de 30 años de misionero y fotógrafo.
Oficios nada sencillos en un mundo donde el compromiso con detener el cambio climático (si todavía se puede detener), tomar conciencia de que el individualismo egoísta de poco está haciendo por un entorno mejor y que el consumismo nos da satisfactores inmediatos, pero tristezas a largo plazo.
Vi con cuidado las fotografías a color en gran formato que forman esta muestra itinerante, platiqué con Rosa Márquez, organizadora de la muestra que es itinerante y descubrí que cada plica tiene un código QR para saber más sobre el tema de cada imagen que estremece y que nos dice a gritos que debemos hacer algo para detener este suicidio colectivo.
Fotos de los paisajes, las personas, los animales que habitan en los lugares donde Enrique Carrasco ha estado y que nos estremecen porque no es la búsqueda de la belleza por sí misma, como meta única y esteta, quizá hasta individualista o como respuesta a propuestas establecidas como válidas sin objeciones.
No, las fotografías del sacerdote jesuita, como muchas de las acciones que acometen todos los días los integrantes de esta comunidad religiosa, son un testimonio social que subraya la necesidad de la acción, de la reflexión luego de la contemplación.
Las fotografías de la muestra nos llaman a dialogar con comunidades que quizá son ajenas para nosotros como espectadores del norte de México y que, definitivamente, nos sacuden la conciencia y la vista, muestran realidades palpables de las que hemos oído y muy probablemente conocemos por encimita y dejamos seguir, porque no nos competen.
Pueblos y naturalezas originales, intocadas, que sin embargo, sufren, igual que muchos otros pueblos en muchos otros lugares además de América Latina y que nos ven a los ojos, aquí estamos, dicen en todos los tonos, en todos los volúmenes.
Vaya a la Ibero, vea con paciencia cada imagen, abra los QR, comente con alguien más, corra la voz, hay mucho más que pasar el fin de semana frente a la pantalla o en un bar (que también son opciones válidas).
Cierro con una invitación a visitar la muestra de Enrique Carrasco sj y una frase que se desprende de la exposición: “Gracias a quienes ya están haciendo algo por la Madre Tierra. No son espectadores, son ejemplo”.