Con la cita “Sólo pocos hombres tienen la fantasía para la realidad” (Nur wenige Menschen haben die Fantasie für die Realität) de Johann Wolfgang Goethe, 1749 -1832, la película Ted Bundy: Durmiendo con el asesino (Extremely Wicked, Shockingly Evil an Vile) nos da una clave importante para interpretar el filme de Joe Berlinger. Con citar a Goethe el director nos advierte que su ficción muestra aspectos de la condición humana difíciles de imaginar y aceptar. La cita al inicio del filme me parece una especie de explicación - o justificación - de haber realizado un filme de ficción después de haberle dedicado al caso del asesino serial la serie documental para televisión de cuatro episodios Conversaciones con un asesino: Las cintas Ted Bundy. Para la televisión el director editó material de archivo de la entrevista de un periodista a Bundy en la cárcel, describe escenas de su pasado y parte de los más de treinta escalofriantes asesinatos a mujeres que cometió. También tematiza la enfermiza curiosidad y el trato que los medios le dieron al caso y la macabra popularidad que despertó el asesino, su proceso y ejecución en muchos estadunidenses. Para la ficción Ted Bundy: Durmiendo con el asesino Joe Berlinger y su coguionista Michael Werwie se basaron en el libro The Phantom Prince: My Life with Ted Bundy en el que Elizabeth Kloepfer, bajo el seudónimo de Elizabeth Kendall describe su convivencia con Ted Bundy, al que conoció - y amó - como hombre seductor y amoroso con ella y su hija. Construido a través de secuencias que van y vienen entre varios años, el filme arma en capítulos la historia de amor de Liz y Ted en el estado de Utah, la cronología de los hechos en otras partes de EUA, la serie de detenciones, las evasiones de la cárcel, el proceso y el juicio en el que fue condenado a morir en la silla eléctrica. De la serie de perversos asesinatos el filme sólo muestra algunas fotografías ya que se centra en la atracción que el personaje ejerce sobre los personajes de su entorno. No sólo sobre las mujeres que creen ciegamente en su inocencia sino también en el juez con el que libra debates legales, los medios y grupos populares que siguen por televisión el macabro reality show del proceso. A pesar de no sufrir por escenas de violencia – que no aparecen en el filme – los espectadores salimos impactados ya que caemos en cuenta con qué facilidad asociamos el mal y la perversidad con la fealdad y la monstruosidad mientras que no reconocemos los signos negativos detrás de la cara seductora de un ángel. Lo que como mujer me intriga más, es la atracción absolutamente ciega que el asesino en serie despertó en mujeres. Qué bueno que el filme no proporcione explicación y nos deje con la tarea de reflexionar sobre lo que vimos.
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Annemarie Meier
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