"El faro": Entre leyendas y mitos

  • La pantalla del siglo
  • Annemarie Meier

Jalisco /

Con El faro (The Lighthouse) el realizador estadounidense Robert Eggers reafirma lo que ya demostró con su anterior filme La bruja (The Witch, 2015): Una buena parte del cine de horror se sigue nutriendo de los cuentos populares, las leyendas y mitos antiguos y el tema de la lucha del hombre en contra de la naturaleza, el enfrentamiento con otros humanos  o con sus propios fantasmas. En La bruja (The Witch: A New-England Folktale) son el aislamiento, el fanatismo religioso, el bosque y el despertar sexual femenino los elementos que desatan un proceso de horror en una familia del siglo 17. En El faro (2018) Robert y su coguionista Max Eggers se basan en  leyendas populares, así como en mitos y advertencias de marinos y navegantes aventureros para construir uno de los filmes de horror más convincentes de los últimos años. El impacto de El faro que cuenta una historia de finales del siglo 19 en una isla remota de la costa de Nueva Inglaterra enriquece las leyendas de tormentas, acantilados, monstruos marinos, sirenas y aves de rapiña con la competencia generacional entre dos hombres: Un viejo que defiende su posición de tirano y amo de la luz del faro y la bitácora de sucesos diarios y un ayudante más joven que rechaza el rol de sirviente al servicio del viejo y borracho guardián de faro.  La historia se narra desde el punto de vista del recién llegado ayudante quien se enfrenta a un mundo inhóspito, el trabajo físico en condiciones inhumanas y el autoritarismo y alcoholismo del viejo guardián con el que está obligado a convivir durante un mes. La relación de los dos hombres pasa por situaciones cambiantes y tensas que desemboca en enfrentamientos cada vez más violentos y despierta en cada uno los fantasmas interiores, deseos y angustias reprimidas.  Realizada en un blanco y negro que recuerda los filmes silentes del expresionismo alemán de los inicios del sigo 20, la película no necesita ni efectos visuales ni especiales para contagiar al espectador con el horror. Basta con las situaciones, los diálogos, el aislamiento, el sonido del mar, la tormenta, la sirena de alarma y los chillidos de las gaviotas para experimentar de lleno el irritante entorno y el aflorar de los fantasmas internos. El formato casi cuadrado de la imagen - con la relación 1,19 :1 que se usaba al inicio del cines sonoro -  y la escasa iluminación provocan claustrofobia y la sensación de presenciar una lucha arcaica entre el hombre y la naturaleza y el hombre contra otro hombre. El viejo y cojo guardián Thomas Wake (Willem Dafoe) defiende su posición, rituales y privilegios contra el joven Ephraim Winslow (Robert Pattinson) que no sólo combate al tirano sino a sus alucinaciones  con sirenas y anfibios que acechan desde el mar.  La sensación de suspenso del espectador no se construye por la empatía con los protagonistas sino por la radicalidad y literalidad con la que el filme evoca mitos y leyendas. Las imágenes del cinefotógrafo Jarin Blaschke, la música de Mark Koven, la puesta en escena de Robert Eggers y las actuaciones de Dafoe y Pattinson crean una película profundamente emocionante e impactante.

Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS