Las “Moscas” del realizador mexicano Fernando Eimbcke zumbaron por la Berlinale en febrero de este año y se llevaron el premio a mejor película por parte del jurado ecuménico. En México nos sentimos felices ya que el cine de Eimbcke nos representa en el mundo cinematográfico internacional con relatos profundamente humanos, un ambiente mexicano entrañable y un estilo fílmico original. Egresado del CUEC, hoy ENAC, la escuela de cine mexicana creada por la UNAM, su primer largometraje “Temporada de patos” ganó, además del premio de la prensa Internacional, siete premios Mayahuel en el festival de Guadalajara , entre ellos Mejor largometraje mexicano, Mejor dirección y mejor guión. También sus películas mexicanas “Lake Tahoe”(2008) , “Club sándvich” (2013) y la producción estadounidense “Olmo” (2023) fueron exitosas al presentar historias de chicos adolescentes que experimentan sus inquietudes, la búsqueda de identidad, la convivencia con madres y amigos y el dolor por la enfermedad y pérdida del padre.
En “Moscas” Eimbcke y su coguionista Vanessa Garnica arman una trama que acerca y entreteje la observación de Olga (Teresita Sánchez), una mujer mayor que vive sola en un multifamiliar de la Ciudad de México con la del niño de provincia Christian (Bastian Escobar) que acompaña a su padre (Hugo Ramírez) a la capital para estar cerca y atender a la madre del niño, internada en un hospital del Seguro Social. La soledad y el carácter huraño de Olga, quien se ve forzada a rentar un cuarto a Tulio mientras su esposa está en terapia intensiva, rechazan la presencia de un niño como Christian, que, con su interminable energía y obsesión por los videojuegos, irrumpe en su rutina diaria como vendaval inquieto y caótico. La situación del niño que, a sus nueve años, busca con inteligencia y creatividad solucionar cualquier obstáculo para ver a su madre enferma y jugar en una maquinita su videojuego preferido, conmueve poco a poca a Olga y la mujer decide ayudarle a volver a ver su madre.
Con gran tino por los tiempos y el ritmo Eimbcke entrelaza en “Moscas” las historias de sus personajes a través de una relato en blanco y negro que caracteriza el entorno gris de los multifamiliares y el búnker de concreto del hospital público alrededor del cual se ha formado una comunidad cambiante de parientes de los enfermos que los acompaña de lejos. Mientras las moscas invaden el departamento de Olga y la molestan en su soledad y mal humor, en la calle los familiares de los pacientes invaden las banquetas, comen, compran medicamentos, esperan noticias y pueden pasar a ver a sus queridos enfermos por unos minutos al día.
El niño Cristian forma parte de esta comunidad a la que la película observa a detalle y con empatía. La insistencia del niño para ver a su madre a ratos ablanda el cerco que prohíbe que los niños entren al hospital. Un curioso empleado de lavandería trata de ayudarlo, una recepcionista con enormes uñas va en busca de su madre pero el cerco policiaco es infranqueable y para quitarse la frustración Cristian recurre a jugar de manera frenética contra los invasores de un juego de video. Invasores que, al igual que al cáncer que ataca a su madre, hay que eliminar. La historia de la amargada mujer jubilada y el niño que anhela la reunión con su madre, podría ser un melodrama demasiado enternecedor si no fuera por el humor con el que la película observa los detalles, caracteriza a los personajes y la sociedad, muestra la inocencia y fuerza de Christian y acentúa la mirada crítica con la que la cámara de María Secco capta esta historia tan universal y este universo tan mexicano.