Nuestra espectacular y reconocida gastronomía, se expresa con sabores y colores durante diferentes épocas del año, de acuerdo con la existencia de los diferentes productos que la naturaleza brinda, y que son utilizados para elaborar muchos de los platillos emblemáticos en distintas temporadas, como sucede a partir del mes de agosto que se pueden encontrar en los mercados, las nueces de Castilla, los chiles poblanos y el fruto de la granada, ingredientes que gracias a la creatividad culinaria son la base de un platillo muy especial y emblemático que se disfruta en las mesas mexicanas y que conocemos como: chiles en nogada.
Como muchos otros platillos, este es el resultado de la combinación de diferentes elementos, entre ellos, una de las frutas cultivadas más antiguas del mundo, que son las granadas, su nombre científico es Punica granatum originaria de lugares próximos a Asia Occidental, de esta fruta se han encontrado diversas representaciones en pinturas, en objetos rituales e incluso en contextos funerarios, por lo que se considera que además de un alimento apreciado por su sabor y color se relacionaba con los ciclos de la naturaleza, la vida y la muerte.
La granada fue una incansable viajera que acompañando a los humanos partió de su lugar de origen pasando por el mediterráneo, Egipto, Grecia, Roma, para llegar finalmente a Europa y a España y de ahí, cruzó el océano llegando a América en el siglo XVI. Fue un largo recorrido que encontró un buen lugar para su cultivo en Puebla y de ahí a la gastronomía mexicana y a los chiles en nogada.
El color y sabor de lo que llamamos semillas son estructuras que cubren con su jugo y carnosidad a la semilla verdadera conociéndose como “arilos”, las que tienen polifenoles que son compuesto vegetales antioxidantes. La leyenda de cómo los chiles en nogada llegaron a la mesa, se entreteje con la creatividad de las monjas agustinas del convento de Santa Mónica en Puebla, que se afirma lo elaboraron en 1821 para celebrar la llegada de Agustín de Iturbide, aunque no hay evidencias documentales de este hecho, sin embargo, es innegable que el platillo es un sabroso resultado de la combinación de productos de diferentes lugares del mundo representando una parte de la historia de México al mezclar ingredientes, culturas, tradiciones y acontecimientos, así como la creatividad e ingenio de las y los cocineros mexicanos.