Derechas

Estado de México /
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Las derechas están ganando elecciones y las están ganando a pasos agigantados alrededor del mundo. Ante ello, surge una pregunta inevitable: ¿Esto significa que se está dando un realineamiento ideológico global? Mi diagnóstico e intuición es que no. Lo que sí hay es un castigo absoluto a quienes gobernaban y un miedo generalizado por un orden internacional que, más bien, se ha convertido en desorden. Y quienes han venido gobernando a lo largo de esta etapa son precisamente las izquierdas.

Entre 2018 y 2022, en buena parte del mundo, pero en particular en América Latina, vivimos la llamada “segunda ola rosa”, en la que la izquierda llegó al poder en un gran número de países. Esto, sin embargo, sucedió en un mal contexto. A todos estos regímenes les tocó gobernar en uno de los momentos más complicados de la historia reciente de la humanidad: la pandemia de covid 19. Y, por tanto, también lidiar con sus estragos: inflación, empobrecimiento e inestabilidad. A esto hay que agregarle políticas públicas liberales que, en la mayoría de los casos, fueron llevadas al extremo y generaron distintos grados de desorden: presupuestal, social e institucional.

Ante ciudadanos cansados de la falta de certidumbre global y nacional, las derechas lograron apropiarse de un concepto que antes parecía reservado a las izquierdas: la rebeldía. Mientras la izquierda defendía desesperadamente la gestión de sus gobiernos, sus adversarios prometieron romper con el sistema. A eso sumaron además una narrativa eficaz: recuperar el orden recuperaría la certeza. Cuando todo es confuso, la gente se refugia en lo que todavía siente suyo: la familia, la comunidad y la fe. Todos, valores asociados a la derecha. Finalmente, las redes amplificaron la estrategia, porque prometer orden cabe en unos segundos; justificar a un gobierno toma bastante más.

Pero repito: esto no significa que el mundo se haya vuelto de derecha. Significa que el ciudadano está exigiendo seguridad, en todas sus acepciones. Las recientes elecciones confirman esta apreciación. Si hubiera una realineación ideológica franca, una parte importante de la población se declararía de derecha en las urnas. La realidad es otra: en Colombia, la diferencia entre los dos candidatos presidenciales fue menor a un punto porcentual; en Perú, apenas de 0.27 puntos. Son victorias suficientes para gobernar, pero no para declarar extinguido al contrincante.

Al final, las derechas tendrán que demostrar que saben gobernar y no sólo ganar. El mismo péndulo que hoy las favorece las castigará si no entregan resultados. Porque el ciudadano puede cambiar de partido, pero no de necesidades. Y esta es la advertencia electoral de tu Sala de Consejo semanal.



  • Arnulfo Valdivia Machuca
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