Enigma

Estado de México /
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La economía mexicana es un enigma. Y a la vez, no lo es tanto. Y si no lo es, es porque somos un país que se ha acostumbrado a medir la parte de la economía que mejor se ve y a no contabilizar la parte donde realmente se define su futuro.

Durante el primer semestre de 2026, México recibió la mayor inversión extranjera de su historia: casi 35 mil millones de dólares. El peso se apreció 13.5% en 2025. Las exportaciones pasaron de representar 15% del PIB en 1994 a más de 40%. Y, aun así, el país apenas crece 1.5%. De ahí el diagnóstico de moda: México es inexplicable. No lo es. El problema no está en el misterio, sino en el indicador.

Desarmemos las cifras. De esa inversión récord, 88.5% fue reinversión de utilidades de empresas ya instaladas. La inversión verdaderamente nueva fue apenas 7.8% del total y cayó 42% en un año. Hace una década representaba cerca de una tercera parte. El peso en realidad no está fuerte por competitividad, sino por diferenciales de tasas, remesas y condiciones financieras externas. Y la inversión total alcanza 22.6% del PIB, muy lejos del 30% o más que registran economías como India o Vietnam. Una economía que invierte poco y cuya productividad total de los factores lleva décadas deteriorándose no crece al 4%. Ahí no hay paradoja: hay aritmética.

Las explicaciones habituales se han venido construyendo desde otros análisis: baja productividad, informalidad, el sistema de justicia. Y en realidad no están equivocadas, pero sí mal jerarquizadas. Describen los síntomas, pero no siempre llegan a la causa. Y la causa está más abajo. Empieza en el territorio.

En 2024, los municipios mexicanos recaudaron predial por apenas 0.11% del PIB, frente a 0.38% en América Latina y 1.08% en la OCDE. Apenas 6% tenía el catastro actualizado. Tres cuartas partes de sus ingresos dependen de transferencias. Donde el gobierno local no cobra, no planea suelo, no ordena territorio, no sostiene cuadros técnicos ni construye infraestructura. Y donde el Estado no cobra el impuesto legal, con frecuencia se cobra de manera ilegal.

Tristemente, la extorsión se ha convertido en uno de los grandes impuestos clandestinos de México. Y, aunque ha bajado, sigue siendo uno de los delitos más frecuente contra las empresas. Su efecto no sólo es criminal; es económico. Destruye confianza, encarece operar, inhibe crédito, impide escalar empresas y mantiene viva a la informalidad.

Por eso el dato decisivo no está en el tipo de cambio ni en las exportaciones, sino en el empleo: 56% sigue siendo informal. Esa es la economía que no aparece en las fotografías y que tampoco se registra.

México tiene estabilidad macroeconómica, un banco central serio, una plataforma exportadora conectada a Estados Unidos y empresas globales que reinvierten porque ya están aquí. Pero un crecimiento más robusto exige algo más: municipios funcionales, crédito disponible, seguridad permanente, infraestructura local y estado de derecho cotidiano.

Por eso es que, si bien parece que nuestra economía es un enigma, en realidad no hay enigma. Hay dos economías. Una exporta, recibe inversión y se beneficia del mundo. La otra sobrevive. Y llevamos años celebrando la primera, mientras la segunda nos explica por qué en promedio no crecemos. Y esta es la matemática real de tu Sala de Consejo semanal.


  • Arnulfo Valdivia Machuca
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