La visita

Estado de México /
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John Ratcliffe, director de la CIA, visitó Moscú esta semana. Eso ya está confirmado. Lo que nadie sabe a ciencia cierta es a qué fue. El Kremlin reconoció contactos entre los servicios de inteligencia de ambos países y aclaró que Ratcliffe no se reunió con Vladimir Putin, aunque el presidente ruso fue informado inmediatamente de lo tratado. Donald Trump calificó la visita como “semi-rutinaria”. Peculiar resulta la rutina de mandar, sin anuncio previo, al jefe de la CIA a la capital de tu principal adversario.

Las conjeturas son varias. La primera, y hasta ahora la más sólida, es que Ratcliffe llevó una advertencia, porque Estados Unidos tendría información de que Rusia podría estar considerando alguna acción ofensiva, destinada a probar la cohesión de la OTAN: desde operaciones cibernéticas hasta una provocación limitada contra alguno de sus miembros. Si ése fue el mensaje, la visita obviamente no fue de cortesía.

La segunda hipótesis apunta a Ucrania. Mientras Ratcliffe permanecía en Rusia, Washington pidió a Kiev suspender temporalmente ataques contra Moscú, San Petersburgo y algunas regiones del norte. Quizá se buscaba establecer límites, contener una escalada o abrir un canal reservado en una guerra que cada vez invade más territorio ruso.

La tercera pista lleva a Irán. Rusia mantiene una relación estratégica con Teherán y existen reportes sobre cooperación rusa de inteligencia. Con Estados Unidos directamente involucrado en el conflicto iraní, Ratcliffe pudo haber viajado a marcar líneas rojas y evitar que dos potencias nucleares terminen enfrentándose indirectamente en el Medio Oriente.

Hay incluso otras posibilidades: intercambio de prisioneros, mensajes sobre estabilidad nuclear tras el vencimiento de acuerdos mutuos o asuntos demasiado delicados para confiarse a una llamada telefónica. Puede ser una de ellas, varias al mismo tiempo o ninguna. Ahí está precisamente lo desconcertante.

La noticia buena es que, al parecer, los servicios de inteligencia entre estos dos rivales se mantienen abiertos. La noticia mala y preocupante, sin embargo, es el tipo de canal que se utilizó para transmitir cualquiera que sea el mensaje de alto nivel.

Al final, lo cierto es ninguna de las hipótesis que analizamos resulta positiva, sea cual sea la real. Si el jefe de la CIA tiene que volar personalmente a Moscú, significa que alguien consideró el asunto demasiado sensible, urgente o peligroso para que lo tratara el embajador de los Estados Unidos ante Rusia. Cuando los diplomáticos hablan, significa que aún queda política. Cuando tienen que hablar los servicios de inteligencia, normalmente estamos apagando incendios. Y esa es la inquietante realidad confidencial de tu Sala de Consejo semanal.


  • Arnulfo Valdivia Machuca
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