Le Pen

Estado de México /
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Polymarket, el mercado de predicción más grande del mundo, acaba de mandar una señal muy potente sobre Francia. En su pronóstico sobre la próxima elección presidencial de ese país, Marine Le Pen aparece muy por encima de sus principales adversarios. No es una encuesta ni significa que vaya a ganar. Significa que hoy concentra la mayor expectativa de llegar al gobierno. Y el dato interesante no es la cifra, sino lo que revela.

Algo claro es que Francia no se está volviendo gratuitamente de derecha. Más bien, está dejando de organizarse políticamente como lo hizo durante más de medio siglo. Durante décadas, socialistas y gaullistas estructuraron la competencia. La izquierda representaba la tradición igualitaria y social; la derecha, el orden, la autoridad y una idea de nación. Emmanuel Macron rompió esa geometría al construir un gran centro que absorbió a moderados de ambos lados. Pero al vaciar los partidos tradicionales, dejó libres los extremos del tablero.

Marine Le Pen que, para quienes no lo saben, representa a la derecha extrema, ocupó uno de esos espacios, pero entendió algo más: el viejo nacionalismo fundado por su padre tenía un techo. Por lo tanto, cambió el nombre del partido, moderó posiciones y convirtió inmigración, seguridad y soberanía en partes de una narrativa más amplia: protección. Protección del empleo, de las pensiones, de los servicios públicos, de la industria, de las fronteras y, finalmente, de un concepto claro de Francia.

Los números demuestran la transformación. En 2022, Le Pen obtuvo 23.15% en primera vuelta y 41.45% en la segunda. Dos años después, alcanzó 31.37% en las elecciones europeas. Y hoy las encuestas la colocan con 36% para la primera vuelta de 2027. El fenómeno ya no es marginal. Marca tendencia.

Lo más importante es quién vota por ella. En las legislativas de 2024, obtuvo 57% entre obreros, 44% entre empleados, 32% entre menores de 35 años y 32% entre mujeres. La verdadera transformación, por lo tanto, no es solamente electoral. Es cultural. Votar por ella ha dejado de tener el costo simbólico e ideológico que tenía hace veinte años.

Y ahí aparece la gran paradoja: Francia conserva una poderosa tradición de izquierda, pero también una tradición nacional, soberanista, centralista y de autoridad. Le Pen crece, en parte, porque aprendió a hablar ambos idiomas: ofrece identidad y frontera, pero también Estado, pensiones, industria y protección social.

Así las cosas, no parece que Francia se esté moviendo gratuitamente hacia la derecha, sino que el desprestigiado centro de Macron absorbió a buena parte de la izquierda, y lo único disponible que queda en el mapa político francés es esa derecha. Y esta es la cartografía electoral de tu Sala de Consejo semanal.



  • Arnulfo Valdivia Machuca
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