En los círculos financieros, la estrategia de inversión que muchos siguen en tiempos de incertidumbre se conoce como la “huida hacia la seguridad”. Eso significa deshacerse de activos de riesgo, como acciones, y comprar otros más seguros, como bonos del gobierno. Esta no solamente es una estrategia financiera, sino también humana. Cuando las cosas se ponen difíciles, elimina el riesgo y resguárdate.
Esa es la apuesta segura. Pero, ¿lo es? En 1932, cuando las circunstancias económicas eran mucho más alarmantes que las actuales -el desempleo se disparó al 23.6 por ciento y el crecimiento económico era un negativo del 12.9 por ciento- Franklin D. Roosevelt, candidato a la presidencia ese año, pronunció un discurso en la Universidad de Oglethorpe, en Atlanta, en el que propuso experimentar y asumir riesgos como respuesta a los problemas.
“Es de sentido común adoptar un método y probarlo”, les dijo a los estudiantes. “Si fracasa, admítelo con franqueza e inténtalo de nuevo. Pero, sobre todo, inténtalo”. Ganó, e intentó algo, lanzó el New Deal, que transformó para siempre el papel del gobierno federal en la vida estadunidense.
Así como la “huida hacia la seguridad” tiene una dimensión humana que va más allá de los consejos financieros, la exhortación de Roosevelt a adoptar una mentalidad experimental encierra un valioso consejo para todos nosotros, que no solamente se aplica a nuestras decisiones económicas, sino también a nuestra vida en general.
¿Atraviesas un periodo de particular turbulencia personal, sintiéndote como un corcho a la deriva en corrientes que escapan a tu control? ¿Tu bienestar muestra cifras en números rojos, como la economía estadunidense en 1932? Considera lo que Franklin D. Roosevelt pronunció en su toma de protesta en 1933: “Lo único que debemos temer es al miedo mismo”. Olvídate de buscar refugio en tus viejas rutinas y hábitos. En vez de eso, experimenta con tu felicidad.
¿En qué podría consistir un experimento de felicidad? De hecho, la literatura académica está repleta de ejemplos. Estos estudios son intervenciones conductuales que, en su metodología científica, están diseñadas para imitar los ensayos clínicos que se utilizan para probar nuevos fármacos; estas pruebas se consideran el estándar de oro para establecer la causalidad.
Tomemos, por ejemplo, un experimento de 2022 sobre la gratitud que se publicó en la revista Affective Science. A estudiantes universitarios reclutados para este estudio psicológico se les asignó aleatoriamente una de cuatro tareas: escribir una carta de gratitud a alguien (sin enviarla), enviar un mensaje de texto de gratitud, compartir una publicación sobre gratitud en redes sociales o hacer una lista de actividades cotidianas. (En este experimento, el último grupo es el de control, es decir, que no aplicó ninguna intervención relacionada con la gratitud).
Los tres métodos para expresar gratitud condujeron a una mayor satisfacción vital en los participantes asignados en comparación con los del grupo de control.
Este hallazgo ofrece información que debería ser extremadamente útil para la vida cotidiana: si quieres ser más feliz, simplemente adopta el hábito de pensar regularmente en alguien por quien sientes gratitud y expresárselo.
Tal vez sea así, pero debemos tener en cuenta una importante salvedad: este es un excelente estudio, pero no hay garantías absolutas de que experimentes el mismo efecto en tu vida, ya que tanto tú como la persona a quien le agradeces podrían ser casos atípicos o tener alguna circunstancia especial que genere una excepción. De hecho, ningún experimento, por muy bien diseñado que sea, puede garantizar un resultado constante.
Aun así, ese artículo de 2022 es una buena prueba de que vale la pena probar este enfoque de la gratitud en un experimento personal. Tal vez no lo pienses en estos términos, pero probablemente ya realizas experimentos en muchas áreas de tu vida.
Por ejemplo, si todos tus amigos siguen una serie de televisión en particular y hablan maravillas de ella, es poco probable que pienses: “Mis gustos son diferentes, así que no me molestaré en verla”.
Probablemente tú mismo vas a hacer una prueba para comprobarlo. Después de ver un episodio, verás cómo te sientes o, dicho de forma más formal, evaluarás tu nivel de bienestar para comprobar si la intervención tuvo un efecto positivo. Si crees lo hubo, la seguirás viendo; si no, no la dejarás.
Este no es un método perfecto -no hay un grupo de control, ¡y tú eres solo una muestra!- pero si replanteas este proceso como tu propia práctica experimental, puede generar muchas ideas y hábitos nuevos para tu vida. Esta mentalidad puede ser realmente productiva, especialmente en momentos difíciles, cuando necesitas salir de la rutina.
Al medir la felicidad, los investigadores generalmente encuentran los resultados positivos más sólidos después de enfocar sus experimentos en áreas específicas.
Una revisión bibliográfica de 2023, publicada en la revista Nature Human Behaviour, analizó 57 estudios sobre la felicidad y descubrió que las intervenciones más comunes se centran en la gratitud, la interacción social, la atención plena, el ejercicio y el contacto con la naturaleza. (Una de las funciones de esta revisión sistemática es evaluar la calidad de la investigación disponible; en este caso, el estudio concluyó que el experimento sobre la gratitud que mencioné se encontraba entre los mejor ejecutados).
Una característica común importante de las intervenciones en estos estudios es que buscan alterar las rutinas y hábitos conductuales que reducen el bienestar de las personas. Menciono esta característica porque es precisamente por eso que podrías necesitar una mentalidad experimental en tu vida.
Si sientes que necesitas un impulso de felicidad y estás dispuesto a probar algo diferente, intenta estos protocolos para cada uno de los cinco pilares de Nature Human Behaviour:
Semana uno: gratitud
Durante una semana, comienza la mañana de cada día pensando durante cinco minutos en alguien que haya mejorado tu vida. Si esa persona ya no vive, escríbele una nota y guárdala. Si aún vive, envíale un breve mensaje de texto o correo electrónico.
Semana dos: interacción social
Cada día, cuando estés en público, procura hablar amablemente con un desconocido durante unos minutos. Puede ser la persona sentada a tu lado en el autobús o el metro, o alguien paseando a su perro por tu colonia.
Semana tres: atención plena
Durante 10 minutos a primera hora de la mañana, guarda el teléfono, siéntate en silencio en un lugar cómodo y simplemente presta atención a lo que sucede a tu alrededor. Observa sin juzgar lo que ves y oyes, y sé consciente de tus otras sensaciones, como la luz del sol, la temperatura y los olores.
Semana cuatro: ejercicio
Intenta hacer ejercicio durante al menos media hora cada mañana. Si hace mucho que no lo haces -o si nunca lo has hecho- levántate temprano todos los días y simplemente sal a caminar durante una hora, o corre si gustas. Sea cual sea la actividad, hazla sin dispositivos electrónicos para que estés plenamente presente en la experiencia.
Semana cinco: naturaleza
Busca un espacio verde en tu entorno y visítalo cada día durante media hora, si el clima lo permite. Si es posible, siéntate en el césped y tócalo con las manos.
Para aprovechar al máximo cada actividad y convertirla en un experimento personal, anota los resultados. Diariamente, registra algunos indicadores al calificar variables tu estado de ánimo, positivo o negativo, tu satisfacción general con la vida y tu conexión con los demás.
Al finalizar el experimento semanal, continúa recopilando datos para observar si los efectos positivos que registraste perduran o desaparecen. Si sigues este método, terminarás con menos hábitos negativos y más positivos. El éxito final de tu experimento en casa será un aumento tangible en tu bienestar.
Sobre todo cuando reina el caos, al principio, seguir esta filosofía experimental no te resultará cómodo ni natural. Esto fue lo que Roosevelt les dijo a los jóvenes en su discurso de graduación de 1932 sobre ese reto:
Probablemente pocos no estarán de acuerdo en que la meta es deseable. Sin embargo, muchos, timoratos, temerosos del cambio, aferrados a sus tejados en medio de la inundación, se resistirán con firmeza a emprenderla, por temor a no lograrla. Incluso entre los que estén dispuestos a intentar el viaje, habrá fuertes diferencias de opinión sobre cómo se debería hacer.
Experimentar se volverá más fácil a medida que obtengan mayor éxito y disfruten del proceso. Además, sus experimentos van a despertar la curiosidad y la imitación en otros, al verlos mejorar, incluso en un mundo exterior difícil. Incluso podrían intentarlo ellos mismos; en ese caso, su propio progreso será un regalo para los demás.
Como concluyó FDR: “Que a cada uno de nosotros se nos conceda el valor, la fe y la visión para dar lo mejor de nosotros mismos”.