La filosofía alemana definitiva para una vida más feliz

  • Cómo construir una vida
  • Arthur C. Brooks

Ciudad de México /
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M+.- En su época el filósofo alemán del siglo XVIII Georg Wilhelm Friedrich Hegel era lo que hoy llamaríamos un “académico célebre”: ocupaba cargos universitarios de primer nivel y sus libros gozaban de una amplia difusión.

Esto explica parte de la hostilidad que Hegel enfrentó por parte de sus contemporáneos: Arthur Schopenhauer calificó sus escritos como obra de un “charlatán torpe” que dejaba a los lectores “incapaces de reflexionar, toscos y desconcertados”.

Su compatriota Friedrich Nietzsche afirmó con desdén que una educación basada en “cráneos hegelianos” resulta “terrible y destructiva”.

Schopenhauer y Nietzsche fueron casi ignorados durante sus vidas, por lo que los celos profesionales explican parte de esto.

Sin embargo, también existían profundas diferencias intelectuales en la raíz de su rechazo. Mientras que los críticos de Hegel defendían en gran medida el individualismo, el célebre autor de La fenomenología del espíritu sostenía que integrarse en la sociedad suele ser el mejor camino hacia una buena vida.

Para un individualista como yo -con una visión del mundo un poco nietzscheana- el enfoque de Hegel parecía poco atractivo. Pero, he reconsiderado y ahora comprendo sus argumentos a favor de una actitud más comunitaria podría impulsarnos hacia una mayor felicidad: un impulso que ni siquiera sabíamos que necesitábamos.

En la actualidad es probable que Hegel sea más conocido por su creencia teleológica de que la historia humana tiende al progreso, y está guiada racionalmente por el “Geist”, o “espíritu”, una fuerza del bien de carácter casi sobrenatural.

Él enseñaba que este progreso se alcanza lentamente vía el funcionamiento de la “dialéctica”.

Según este concepto, se produce una gran conversación en tres fases -tesis, antítesis y síntesis- en la que una parte expone un argumento (tesis), otra presenta un punto de vista opuesto (antítesis) y todo esto desemboca en una resolución (síntesis) que implica una comprensión más matizada de las cuestiones planteadas.

Esta reconciliación racional de las diferencias conduce, por tanto, a avances; dicho de otro modo, al progreso.

Para Hegel, el Geist simplemente necesita tiempo para desarrollar su lógica.

Aunque los debates políticos actuales en Estados Unidos puedan parecer caóticos y terribles, Hegel podría decir que estamos demasiado cerca de ellos.

Si adoptamos una perspectiva de largo alcance, vemos que el espíritu pone en diálogo al activismo progresista de corte combativo de la última década con el nuevo giro electoral hacia el trumpismo; y que la síntesis de esa disensión dará lugar a una moderación más equilibrada en los años futuros.

A pesar de los altibajos, el progreso hegeliano suele brindar a las personas una mayor felicidad con el paso del tiempo.

Hegel también hizo una afirmación sorprendente sobre cuándo sería más abundante la felicidad:

“Los periodos de felicidad son páginas en blanco en la historia”, escribió en su Introducción a la filosofía de la historia, “pues son periodos de armonía, momentos en los que falta la antítesis”.

En otras palabras: recordamos los tiempos en que la vida es un hervidero de emociones y experiencias, pero ésos no son los verdaderamente felices.

La felicidad reside en aspectos tranquilos y anodinos de la vida.

Entonces, ¿cómo podemos alcanzar más de esta felicidad sin estridencias?

Para responder, en sus Elementos de la filosofía del derecho, Hegel ofrece una lección de dialéctica: Primero presenta dos respuestas comunes pero erróneas, y luego la correcta.

Una forma típica y equivocada de buscar la felicidad es lo que él denomina “Recht” (derecho), que implica maximizar la satisfacción individual o, de forma más coloquial: “Si te hace sentir bien, hazlo”.

Hegel argumenta que el “Recht” nos lleva a perseguir un placer tras otro “ad infinitum, sin permitirnos jamás trascender nuestra propia finitud”.

Es decir, el objetivo de la satisfacción individual es como intentar llenar un vacío insaciable.

La otra forma errónea que la gente usa para buscar la felicidad es la “Moralität” (moralidad), basada en ejercer el propio sentido del bien y del mal.

Ese enfoque se alinea más al individualismo de Nietzsche y Schopenhauer; para citar a Polonio en Hamlet: “Sé fiel a ti mismo”.

Hegel nunca dice que la conciencia de una persona sea algo malo; simplemente señala que depender exclusivamente de ella puede conducir a problemas como la soledad y la depresión. (Si eres de los que insisten en defender aquello que consideran correcto y has sufrido rechazo social por eso, es posible que te sientas identificado con esto).

Para Hegel, la respuesta correcta para alcanzar una felicidad serena es la “Sittlichkeit”, u “orden ético”; con este término se refiere a un comportamiento prosocial fundamentado en la tradición y las costumbres aprendidas de la propia comunidad.

Tal como explica en Filosofía del derecho, este orden ético implica esforzarse por “convertirse en miembro de la sociedad civil mediante los propios actos, a través de la energía, la diligencia y la destreza”, logrando “el reconocimiento tanto ante los propios ojos como ante los de los demás”.

Hegel creía que ahí es donde reside la verdadera felicidad, ya que logramos realizarnos tanto como individuos como miembros de la comunidad.

Así que, para él, encontraremos la felicidad participando en las dinámicas cotidianas de una sociedad civil bien ordenada.

Esto significa no ir saltando de una emoción intensa a otra, ni perseguir objetivos propios ignorando el bienestar ajeno, ni expresarse de manera que ofenda a los demás. Implica integrarse y conducirse éticamente en relación con la familia, la comunidad y el país.

Los científicos sociales modernos demuestran que este argumento sobre la Sittlichkeit es sólido. El capital social que uno tiene como miembro activo de la comunidad predice tu felicidad.

Aun así, para algunas personas, la concepción hegeliana de la buena vida puede parecer muy conservadora o reaccionaria. ¡Simplemente encaja! parece que es lo que dice.

Como individualista emersoniano, me distancio de semejante orden. ¿Cuántas veces en la historia la gente ha seguido lo que la sociedad civil consideraba correcto y apropiado, sin consultar su propia conciencia, para mantener una felicidad privada a expensas de lo que es justo?

El resultado puede ser peligroso, incluso bárbaro y, a veces, hay que sacrificar la felicidad personal por lo que es correcto.

Pero también veo cómo esto pasa por alto la forma en que la filosofía de Hegel ayuda a un individualista natural como yo.

Su mandato sobre la síntesis y el orden ético puede ser un correctivo valioso para una tendencia a buscar grandes experiencias a expensas de momentos de paz, y una tendencia egoísta a ignorar sabiduría y deseos de la comunidad en favor de mis opiniones.

Me gusta utilizar las ideas de Hegel en forma de un conjunto simple de preguntas para ayudar a moderar mi naturaleza. Tal vez esta lista de comprobación también pueda ser útil para ti.

1. ¿Dónde puedo encontrar la felicidad en los momentos comunes y corrientes de mi vida? ¿Qué regalos estoy pasando por alto porque no son brillantes y resplandecientes, aunque sean hermosos en su pequeñez? Tal vez se trate de una tarde tranquila en casa, un paseo tranquilo antes del amanecer o una pequeña contemplación con una deliciosa taza de café.

2. ¿Estoy buscando hoy algo que levante mi estado de ánimo a partir de mis ambiciones personales y mis impulsos primarios? Esta es la Madre Naturaleza con su falsa promesa de que satisfacer tal o cual impulso me dará la satisfacción que busco. En cambio, ¿qué deseo individual puedo perder hoy?

3. ¿Afirmo mis puntos de vista de una manera que ignora a los demás o es irrespetuoso con su dignidad? ¿Estoy apegado a mis opiniones como si fueran joyas preciosas? ¿Cómo puedo hoy dejar de lado mi propia rectitud y escuchar más con amor a los demás?

4. ¿Cómo podría equilibrar mis propias necesidades y deseos con los de mi familia y mi comunidad hoy? ¿Cómo puedo ser un mejor cónyuge, un mejor padre, un mejor colega y amigo y un mejor ciudadano?

Si eres como yo, hay poco peligro de que este interrogatorio apague el fuego de tu naturaleza individualista. En cambio, debería simplemente limar un poco tus bordes y hacerte más consciente de tu fuerte enfoque en ti mismo.

Con esa conciencia para mantenerte bajo control, puede ser, como resultado, que te sientas más feliz.

La obra de cualquier filósofo está sujeta a muchas interpretaciones posibles. Esto es especialmente cierto en el caso de Hegel, cuya prosa es famosa por ser densa y elíptica -pregúntenle a Nietzsche o Schopenhauer- y, sin duda, mi breve descripción de su pensamiento suscitará desacuerdos.

Después de todo, se dice que el propio Hegel comentó: “Solamente un hombre me entendió y no me entendió”.

Incluso en este punto -sobre su resistencia a la inteligibilidad- distingo una lección hegeliana útil para vivir mejor.

El objetivo no es ser comprendido por el mundo sino entenderlo lo mejor posible y participar en una comunidad humana con espíritu de amor.

Braulio Montes


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