Cuando el fuego de Oriente llega a México

Estado de México /
Únete al canal de Milenio

Hay guerras que parecen ocurrir muy lejos, detrás de mares y desiertos, pero cuyos ecos terminan golpeando la puerta de nuestras casas. El conflicto entre Estados Unidos e Irán es una de ellas. Lo que comenzó con ataques y amenazas en Medio Oriente se ha convertido también en una batalla económica cuyo campo de combate es el petróleo, y cuyo precio termina pagándose en las gasolineras, en los mercados y en el bolsillo de millones de personas.

El Estrecho de Ormuz se ha convertido en uno de los puntos decisivos de esta crisis. Por él circula una parte fundamental del petróleo mundial y ahí las restricciones al tránsito han reducido significativamente las exportaciones del Golfo. La Agencia Internacional de Energía advierte que la prolongación de estas interrupciones puede mantener elevados los precios y obligar a reducir el consumo mundial.

Para México la paradoja es particularmente interesante. El petróleo caro puede significar mayores ingresos por las exportaciones mexicanas, pero también combustibles importados más costosos. En septiembre, la mezcla mexicana llegó a superar los 104 dólares por barril, mientras el Brent rebasó los 107 dólares.

Ahí aparece la segunda consecuencia: la inflación. Un diésel más costoso encarece el transporte; este a su vez encarece los alimentos y las mercancías; y finalmente la guerra, que comenzó a miles de kilómetros, puede sentirse en el precio de una canasta básica mexicana. Además, contener el precio de las gasolinas mediante estímulos fiscales significa una menor recaudación para el Estado. Todo esto provoca la volatilidad petrolera en las finanzas públicas mexicanas.

También existe una sombra sobre Pemex: Los mayores ingresos petroleros podrían representar un alivio, pero no eliminan sus necesidades financieras ni el costo de los combustibles que México importa. En otras palabras, el mismo barril que puede convertirse en una bendición para las exportaciones puede transformarse en una carga cuando regresa convertido en gasolina o diésel.

La historia nos recuerda que las guerras nunca terminan donde caen las bombas. Algunas cruzan fronteras convertidas en inflación, incertidumbre, petróleo caro y menor crecimiento. México observa desde lejos el incendio, pero no puede permanecer completamente al margen, pues en un mundo globalizado, el humo de Medio Oriente puede terminar oscureciendo también el horizonte económico mexicano.


  • Arturo Argente
  • Tec de Monterrey, Campus Toluca.
Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite