La sociedad abierta frente al espejo del poder

Estado de México /
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En La sociedad abierta y sus enemigos, Karl Popper advierte que el mayor peligro para una democracia no siempre llega desde un enemigo externo, sino desde la incapacidad del poder para aceptar la crítica. Una sociedad que deja de cuestionarse comienza a caminar hacia la oscuridad, pues los errores dejan de corregirse y terminan convirtiéndose en política de Estado. En ese espejo puede observarse una parte de la realidad mexicana.

Cuando la rendición de cuentas se desvanece, el poder deja de responder a los ciudadanos y comienza a responder únicamente a su propia narrativa. La crítica es etiquetada como traición y los datos incómodos son relegados por discursos triunfalistas. Sin embargo, la realidad posee una terquedad que ninguna retórica consigue ocultar.

Pemex, durante décadas símbolo de la soberanía nacional, carga hoy con enormes desafíos financieros y operativos que reflejan la urgencia de decisiones técnicas antes que ideológicas. Y no dejemos a un lado las diversas las refinerías clandestinas de huachicol que aparecen en diversos estados de la república manifestando un total descontrol en este tema. Los descarrilamientos registrados en proyectos ferroviarios recuerdan que las grandes obras no pueden sostenerse únicamente sobre el entusiasmo político; requieren planeación, mantenimiento y supervisión permanente. Al mismo tiempo, la corrupción continúa erosionando la confianza ciudadana, mientras un crecimiento económico insuficiente limita las oportunidades de millones de mexicanos. Pero quizá la herida más profunda sea la inseguridad. En vastas regiones del país, la violencia del crimen organizado ha impuesto sus propias reglas, arrebatando vidas, desplazando familias y sembrando un miedo cotidiano que lastima el tejido social. Allí donde el Estado debería garantizar libertad y justicia, demasiados ciudadanos viven bajo la incertidumbre.

Popper afirmaba que la fortaleza de una sociedad abierta reside en su capacidad para corregir sus propios errores. Negar los problemas no los desaparece; únicamente los hace más profundos. Un gobierno que rechaza la crítica corre el riesgo de convertirse en prisionero de sus propias certezas, mientras la realidad se deteriora a su alrededor. Como enseñó Popper, las sociedades no fracasan por equivocarse; fracasan cuando quienes gobiernan creen que ya no pueden equivocarse.


  • Arturo Argente
  • Tec de Monterrey, Campus Toluca.
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