Siempre un aliado

Ciudad de México /

Con especial dedicatoria para la primera presidenta de la Suprema Corte, mi amiga Norma Piña.

A lo largo de 13 años como ministro de la Suprema Corte, una de mis prioridades ha sido, consistentemente, el impulso a la igualdad de género. Lograr que los derechos de las mujeres sean efectivos, que puedan vivir una vida libre de discriminación y de violencia, y que encuentren en el sistema de justicia remedio a las desigualdades históricas ha estado en el centro de toda mi labor. 

Durante los nueve años en que pertenecí a la Primera Sala, mi función jurisdiccional se orientó a la construcción de criterios que desarrollaran la perspectiva de género, como herramienta imprescindible para corregir los efectos de la desigualdad estructural. Y en los cuatro años de mi presidencia implementamos políticas inéditas que permitieron cerrar la brecha de desigualdad en el Poder Judicial de la Federación, con resultados medibles y reconocidos internacionalmente.

La igualdad de género no es una moda, no es una ideología; el feminismo no es una agenda radical. Se trata simplemente de reconocer que hombres y mujeres tenemos la misma dignidad y los mismos derechos. Que la sociedad no puede seguir tratando a las mujeres como personas de segunda categoría; que los roles estereotipados de las mujeres y su trabajo no remunerado en el hogar no pueden seguir siendo la base sobre la cual está construido un mundo dominado por los hombres. 

Cuando nuestra Constitución y los tratados internacionales de derechos humanos hablan de igualdad, no se refieren a una igualdad formal. No se refieren a una justicia ciega que trata sin distinción a las personas, sin tomar en cuenta su realidad y su contexto. La igualdad es poner a las personas en un plano justo de oportunidades; asegurar que todas puedan desarrollar su personalidad y definir lo que constituye éxito en sus vidas. 

Cerrar los ojos a las desigualdades que mantienen a las mujeres en desventaja, pretender que conceptos como la libertad, el mérito, la violencia, la justicia y el derecho son neutros y ajenos a las dinámicas de género, resulta simplista, inocente, o incluso perverso. Argumentar que hombres y mujeres nos enfrentamos a una misma realidad y que nuestras experiencias vitales deben tratarse por igual es abogar por el mantenimiento de estructuras que toleran acoso y hostigamiento sexual, violencia familiar, brechas salariales, desproporción en las labores de cuidado, pisos pegajosos, techos de cristal, maternidades impuestas, explotación y trata, feminicidios, etc. 

La neutralidad perpetúa la opresión y por ello la única manera de restaurar las cosas a un plano de igualdad real es mediante la adopción de medidas positivas, acciones afirmativas, así como la internalización de una perspectiva de género que permee a todos los ámbitos de la vida, particularmente a los sistemas de justicia. Esto implica reaprender muchas cosas, rediseñar procesos, abrir espacios, emparejar la cancha. Pero, sobre todo, reeducarnos para superar los estereotipos en torno a los cuales interpretamos el mundo que nos rodea.

Así entiendo la igualdad. Así he llegado a comprenderla escuchando a las mujeres: las que conforman mi equipo de trabajo, las que protestan en las calles, las que escriben, las que investigan, las que reportan, las activistas, las víctimas, las madres. He llegado a reconocer al patriarcado como un sistema de dominación que se perpetúa mediante la violencia y la reproducción de estereotipos de una generación a otra, y que debe ser desterrado.

Para ello seguiré trabajando incansablemente. Desde cualquier trinchera, desde cualquier responsabilidad y hasta el último día de mi vida, las mujeres tendrán en mí a un aliado de sus luchas. Mi voz estará siempre disponible para amplificar sus mensajes y visibilizar sus causas. Hasta que gocen de la igualdad plena y de la vida libre de violencia a la que tienen derecho. Hasta que la igualdad y la dignidad se hagan costumbre.

Arturo Zaldívar

  • Arturo Zaldívar
  • Coordinador General de Política y Gobierno de la Presidencia de México. Ministro en retiro y expresidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación
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