Invertir no es apostar

Ciudad de México /
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Actualmente, podemos comprar una acción, un ETF o una opción en segundos desde dispositivos móviles, siguiendo precios y noticias en tiempo real. Nunca había sido tan fácil invertir. Esa democratización ha sido positiva. Pero también ha vuelto más difusa una pregunta esencial: ¿estamos invirtiendo o apostando?

La diferencia no es semántica. Apostar es anticipar un resultado: quién gana, qué activo sube mañana o cómo reaccionará el mercado al próximo dato de inflación. Invertir parte de otra lógica: definir un objetivo financiero y construir una cartera que aumente las probabilidades de alcanzarlo.

Buena parte de la conversación financiera actual opera bajo la primera lógica. La expansión de las apuestas deportivas y los mercados de predicción encuentra un paralelo en estrategias de horizontes cada vez más cortos: opciones que vencen el mismo día, vehículos apalancados o altamente especializados y plataformas que invitan a reaccionar de inmediato ante cada titular del mercado.

El punto no son sólo los instrumentos, sino la mentalidad con la que se analizan los factores que influyen en el mercado. ¿Qué hará la Reserva Federal? ¿Quién ganará la próxima elección? ¿Hasta dónde llegará una tensión geopolítica? ¿Cuál será la empresa ganadora de la inteligencia artificial? Son preguntas relevantes, pero confundimos su importancia con la capacidad de los gestores de activos para anticipar sus consecuencias. Incluso acertando el evento, podemos equivocarnos en la reacción del mercado.

Invertir exige cambiar la pregunta. En vez de comenzar tratando de adivinar cuánto subirá la bolsa, hay que partir preguntándose cuál es la rentabilidad necesaria para cumplir nuestros objetivos y el riesgo que estamos dispuestos a asumir para lograrlo. Ese cambio de foco parece simple, pero modifica por completo la forma de tomar decisiones de inversión.

El entorno actual hace especialmente relevante ese enfoque. Tras años en que las tasas extraordinariamente bajas empujaron a muchos inversionistas hacia activos de mayor riesgo, la renta fija ha vuelto a desempeñar un papel importante en la construcción de portafolios. Eso permite combinar distintas fuentes de retorno, en vez de depender de acertar la próxima gran tendencia.

También importa distinguir la actividad de la acción. Estar informados minuto a minuto puede generar la sensación de que deberíamos comprar o vender constantemente. Pero diversificar es una acción. Aprovechar las oportunidades que presentan distintos mercados y activos es una acción. Mantener una posición cuando la volatilidad invita a abandonarla también puede serlo.

Una decisión razonable para cinco o diez años puede parecer equivocada durante algunos meses. En los mercados, anticiparse a una tendencia demanda tolerar la incomodidad de ir en contra de las opiniones tradicionalmente aceptadas y mantener el rumbo. Por eso, una de las mayores ventajas de un inversionista no siempre es tener más información, sino mantener una perspectiva a largo plazo y la disciplina para seguir un plan de inversión.

Invertir, sin duda, implica construir una perspectiva de largo plazo. Se construye con diversificación, manejo de riesgo, acumulación de retornos y, sobre todo, tiempo. Una apuesta, en cambio, depende de acertar qué ocurrirá después, mientras que la inversión necesita certeza de hacia dónde queremos llegar y cómo construir una estrategia coherente para acercarnos a ese objetivo a lo largo del tiempo.


  • Axel Christensen
  • Director de Estrategia de Inversiones para América Latina de BlackRock
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