Ayer se selló la tercera fusión más grande de la historia. Ayer nació un coloso cervecero uniendo a las dos multinacionales más poderosas del sector: la británica SABMiller y la belgo-brasileña Anheuser-Busch InBev. Ayer la segunda prometió a la primera firmarle un cheque por 109 mil millones de dólares. Esto es poco más de cinco veces lo que pagó el mismo grupo hace dos años para quedarse con Grupo Modelo. Esta operación había sido la más alta que había hecho AB InBev en los últimos años.
Con esta compra, Corona ahora tendrá más hermanas dentro del portafolio de AB InBev: se sumarán las inglesas Miller Lite, Miller Genuine Draft y Miller Highlife; la italiana Peroni, la australiana Foster, la checa Pilsner Urquell y la holandesa Grolsch.
Esta fusión, ¿tendrá impacto en México? No mucho, la verdad.
Porque la presencia de SABMiller en nuestro país es muy marginal, apenas 0.7%.
Lejos del 54% que ostenta Grupo Modelo, según los datos 2014 de Euromonitor. El segundo jugador es Heineken México (otrora Cuauhtémoc Moctezuma) con 44% del mercado.
Por eso es que Grupo Modelo+SAPMiller tal vez no requieran que el equipo de Jana Palacios en Cofece voltee a evaluarlos.
Aunque en el pasado la firma británica sí anduvo por esos lares. Hace cinco años, presentó ante la Comisión Federal de Competencia (CFC) una denuncia por supuestas prácticas monopólicas contra Grupo Modelo y también contra Cervecería Cuauhtémoc Moctezuma.
Mientras que para AB InBev sí somos un mercado poderoso (Corona es de sus tres marcas más valiosas en todo el mundo además de que somos el mayor exportador de cervezas del planeta), para SABMiller no éramos relevantes. En el último informe anual de la cervecera hace referencia a un crecimiento de 7% en Latinoamérica, siendo sus principales mercados Colombia, Perú, Ecuador y Panamá. A México ni lo consignan.
La nueva empresa fusionada venderá una de cada tres cervezas que se consuman en todo el mundo. Y traerá a México una nueva colección de marcas para tentar a los mexicanos, que seguimos teniendo un consumo per cápita bajo (solo 60 litros al año), casi la mitad que los alemanes.
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