Desde el 5 de abril y por tres meses ya tenemos —medio asimilado— el tetris de engomados para cumplir con el plan del #hoynocircula.
Pero todas las medidas planteadas en este proyecto de la Comisión Ambiental de la Megalópolis (Came) olvidaron voltear a ver a un lugar que genera un buen cúmulo de CO2: el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM).
“Las emisiones de sustancias tóxicas del aeropuerto sí son significativas. La estrategia del gobierno no lo toma en cuenta, tal vez porque no quiere hacer ruido en un tema altamente sensible desde el punto de vista estratégico como una de las conexiones más importantes del país con el exterior”, comenta el Dr. José Luis Lezama, profesor-investigador de El Colegio de México y director del seminario interdisciplinario sobre Estudios Ambientales y del Desarrollo Sustentable.
¿Cuánto contamina la operación del AICM en un día? El estudio más reciente del Instituto Mexicano del Transporte (IMT) había medido que en enero de 2011 cada día se emitían unas 2 mil 762 toneladas de CO2. En aquel momento cada día despegaban unos 892 aviones. Hoy, con cerca de mil vuelos diarios el volumen sube a 3 mil 99 toneladas al día. Entonces, podemos calcular que cada avión que sobrevuela la ciudad genera 3 toneladas de CO2.
Según el mismo informe, todos los vehículos particulares (que representan 81 por ciento del parque vehicular) generan unas mil 170 toneladas de CO2 por día. Es decir, el AICM con sus mil vuelos diarios contamina más del doble que todos los autos privados que circulan en la ciudad (sin sumar taxis, microbuses, buses y camiones).
Si bien es cierto que el aeropuerto es una dependencia federal, no de la Ciudad de México, es raro que no se haya puesto en la mesa alguna alternativa de #hoynovuela.
En aquel informe del IMT se hacían recomendaciones con respecto al uso efectivo de los horarios y de las salidas y llegadas de vuelos, así como los tiempos de espera.
“No se toca al aeropuerto porque es una cuestión estratégica nacional, por los grandes flujos económicos que allí ocurren a nivel nacional e internacional. Tiene lo que se llama ‘reputación de poder’ y nadie quiere tocarlo”, agrega Lezama.
¿Valdría la pena hacer un plan de llegadas y salidas de aeropuertos alternativos (como el de Toluca) para bajar las emisiones?
No hay un plan alternativo de transporte público efectivo que ayude a sacar los autos de las calles, no hay un plan alternativo de producción industrial (otro gran foco de generación de sustancias tóxicas) ni tampoco parece que haya alguno para el aeropuerto.
Solo se tomo la vía de fraccionar la circulación: parece que la inercia es más fuerte que la creatividad en un momento donde necesitamos mucho más de ésta última.
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