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Con los primeros minutos del medio día, las prisas por tener la comida lista preocupa a toda ama de casa; Annabel, de un tirón, abre el refrigerador e inspecciona qué ingredientes tiene a la mano, se percata que un par de jitomates, media cebolla y un puño de chiles es lo único con lo que cuenta. Preocupada, se asoma por la ventana; desde su departamento puede observar si la recaudería aún tiene los huacales con fruta y verdura del día; al ver que estos están vacíos toma una decisión, se pregunta ¿qué haría Chepina Peralta?, ícono de la televisión mexicana que transmitía por las mañanas, desde finales de los 60’s hasta finales del siglo pasado, recetas fáciles de cocinar. De manera sorpresiva, nuestra angustiada damisela toma su dispositivo móvil, abre el navegador y teclea “recetas con jitomate”, tras una lectura rápida, una segunda mirada al refrigerador y puede echar manos a la obra.

El recetario, como guía para la elaboración de platillos de cualquier tipo, se desarrolló de manera poco convencional en el actual México. Durante la Colonia era común que cada casa de españoles o criollos tuvieran sus propias recetas, en pocos casos estas pasaron al papel ya que se trasmitían de forma oral. Este tipo de escritos, cuando los había, carecían de medidas exactas o procedimientos. En algunos casos simplemente pedía de todos los ingredientes se combinaran y se pusieran al fuego. Años más tarde, en pleno siglo XIX, los recetarios se comenzaron a reproducir de manera impresa, pero para una sociedad con altos índices de analfabetismo el impacto solo fue para ciertos grupos sociales, como evidencia de una sociedad en crecimiento y en búsqueda de una identidad y refinamiento.

A raíz del fenómeno social que heredó el Porfiriato, donde restaurantes y cafés confeccionaron grupos sociales que emulaban los estilos de vida francés, la elaboración de recetas en casa eran actividades poco practicadas, ya que hasta los estratos más bajos comían en la calle debido a sus jornadas de trabajo. Con la llegada de la Revolución Mexicana, la migración por todo el país y una nivelación de los estratos sociales, la vida cotidiana permitió la consolidación de la familia mexicana del siglo XX, donde el hombre salía a trabajar y la madre se quedaba al cuidado de los hijos y atender la casa, en este momento entra en escena, de manera popular, el famoso recetario.

Un manual, una guía o una solución para la hora de la comida; pero también un referente de la identidad culinaria, de esa intensión que a lo largo de los años justificó la lucha por un refinamiento que colocara a esta nación en el mapa. Los recetarios llegaron al papel, pasaron por la televisión y aterrizaron en apps que te sugieren, día a día, una receta diferente, lo cual te convierte en un as de la cocina.


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