El ser visto

Ciudad de México /

Una mujer llega al establecimiento cubierta con un abrigo color rojo, desde el recibidor el gerente apresura el paso y le pregunta si ocupará una mesa individual o espera a alguien más, ante el interés por comer sola se le asigna una mesa pequeña al centro del salón. En cuestión de minutos su abrigo y bolso son puestos en un perchero, mientras parte de los asistentes, mira de reojo a aquella dama que viste un vestido negro con detalles en lentejuela dorada y calza zapatos de tacón de color cereza, remata con el cabello suelto ondulado que descansa sobre sus hombros. De manera inmediata el mesero le presenta la carta, pero todo está dicho, la comida pasa a segundo plano.

Durante la Historia de la Humanidad, el papel que juegan los alimentos es de corte anecdótico, en documentos antiguos difícilmente se habla de comida para entablar algún análisis con respecto a la evolución y desarrollo de la alimentación, básicamente se habla de ellos para entender procesos económicos, médicos y hasta políticos. Por lo tanto, lo único que nos queda es encontrar pasajes que hablan de banquetes o comilonas como pretexto para un evento social, primordialmente.

Sin embargo, y probablemente inconsciente, la Gastronomía entendida como el arte de prepara alimentos, otorga a lo largo de tiempo estatus. La razón o explicación puede proceder de varias fuentes, pero una de las más recurrentes es la relación entre lo exclusivo y los grupos de poder. En épocas de reyes y reinas, la monarquía debía ser engalanada con lo mejor del reino, y una vez que este se popularizaba tenía dos opciones, reinventarse o pasar de moda. Para el primer caso se buscó complementar, en este caso, platillos con otros alimentos del mismo nivel social, y entonces animales rellenos de especias, frutos, semillas y hasta otros cárnicos, lo cual se designa como engastración; del mismo modo podemos sospechar de la repostería con rellenos, cubiertas y decoración.

Esto provocó que, entre más grande, mejor; entre más ingredientes, más costoso; entre más caro, más lujoso. Y forjó idearios en torno al apetito de todo tipo, desde el alimenticio hasta el emocional. En este momento podemos colocar la ruptura y deformación del arte de preparar alimentos a la necesidad de pertenecer a un grupo social, o sea, tener un alto estatus.Este fenómeno se puede adecuar a cada región en un momento diferente, desde la conformación de un imperio o la caída de este, la revolución social en la que el pueblo toma rienda de su territorio hasta un giro en las políticas públicas de un país.

No olvidemos que, al igual que la mujer del abrigo rojo, el ser humano deambula entre dos espacios, el qué come junto con todas sus implicaciones (el cómo, el por qué, el cuándo lo come), y el cómo se ve, en este caso, cuándo lo come. Donde el alimento pasa a un segundo plano.

Benjamín Ramírez

otaconmx@yahoo.com.mx


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