Encuadres culinarios

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Una sala oscura, una butaca vacía y una función por comenzar, a mi diestra un balde con palomitas, a mi siniestra una bebida burbujeante. Después de las bellas artes, el cine ha participado en la faceta entre el arte y la alimentación. Filmes biográficos, de época o contemporáneos aparecieron en las marquesinas de cine, ejemplos como: El festín de Babette, Chocolate, Vatel, Un viaje de 10 metros, entre muchos otros, plasmaron en la pantalla los pormenores dentro de una cocina. En otros escenarios, películas como Ratatouille se encargo de llevar al mundo animado, y comercial, la historia de una rata con habilidades culinarias en París. Todos los ejemplos llevan en el nombre la penitencia, hacen referencia al escenario que abordarán, nada nuevo.

Pero, existen películas que, sin ser su objetivo, plasman la cultura alimentaria de un grupo, una nación y hasta una época. Nombres como El viaje de Chihiro (2001), Mi vecino Totoro (1988), El castillo vagabundo(2004) o El secreto de la sirenita (2008), todas de Studio Ghibli, se han caracterizado por evidenciar la cocina nipona. Otros casos similares se ven en las series animadas; la controversial Neo Génesis Evangelion (1995-1996) hace lo suyo al presentar la dieta de una sociedad futurista, con alimentos deshidratados, congelados o enlatados, además de un consumo marcado de bebidas alcohólicas. En comparación con las caricaturas norteamericanas el mensaje es evidente; las referencias se concentran en hamburguesas, malteadas, donas y pizzas o como parte de estrategias de consumo; para el primer tenemos a Los Simpson (1989-actualidad) y en el segundo se encuentra Popeye el marino (1929-1988), en la cual se incitaba al consumo de espinacas, altas en hierro, y que figuraron como estrategia para combatir la anemia en Norteamérica.

Fuera del mundo animado, son pocos los filmes que lograron colocar al alimento como eje de la narrativa en una historia. Podemos considerar la obra de Quentin Tarantino, quien, por medio de un postre, una bebida o un menú, retrata la nostalgia, el racismo o el cinismo de la trama. En primer lugar, Tiempos Violentos(1994), donde una malteada de 5 dólares abre el dilema del consumismo; Django (2012) muestra los alcances de la segregación afroamericana y el impacto al entrar a una cantina para beber cerveza; o Bastardos sin gloria (2009) con su prodigioso strudel de manzana y crema montada como personaje agridulce.

El cine participa como biógrafo del ser humano, por medio de un guiño deja entrever las manías, gulas y carencias del hombre, todas en torno a un plato, un líquido o un ingrediente, a través de la comida somos, pero también dejamos de ser o nos transformamos en lo que realmente nos identifica, salvajes, golosos o en busca de un encuadre perfecto. 


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