Humano de lata

Estado de México /

El estante luce repleto de latas multicolor. Desde las primeras horas de la mañana llegaron los promotores a desempacar numerosas cajas con diversos productos. Algunas de estas provisiones caerán accidentalmente al suelo y se estropearán, mientras que otras serán sustituidas por exceder su vida de anaquel. Más allá de eso se encuentra un paso más en la evolución de la alimentación y la cocina, que tuvo por objetivo alimentar al pueblo en tiempos de guerra, sequías o simplemente en la turbulenta vida moderna.

Recapitulemos: la historia del enlatado se remonta a las primeras civilizaciones con los productos fermentados. Desde los egipcios, la intención de aprovechar los alimentos los llevó a consumir semillas o frutos remojadas en forma de gachas, cerveza, vino y, en un primer momento, hasta pan. Siglos más tarde, incursiones militares necesitaron recursos para abastecer a las tropas, ya que un mal cálculo de alimentos podía significar la derrota. En este punto entra aquella solicitud por parte de Napoleón Bonaparte, quien ofrece una recompensa a quien logre desarrollar un método para extender la vida de los alimentos, lo que llevaría a Nicolas Appert, a inicios del siglo XIX, a ser considerado como el padre de las conservas.

Cabe mencionar que, ya en el siglo XVIII, en Inglaterra se maquilaban latas con un recubrimiento de estaño, aunque su uso no era propiamente para alimentos. Con los avances de Appert se fusionaron ambos sistemas, el enlatado y las conservas, y se obtuvo una lata a la cual se le soldaba la tapa. El método para abrir esta lata era con la ayuda de un mazo y un cincel, herramientas que dotaban a la milicia. Que no extrañe el por qué las navajas de campismo tienen entre sus aditamentos un abrelatas. En 1850 se desarrolla y comercializa el abrelatas, lo que permite la popularización entre las sociedades urbanas de los enlatados.

Las formas y tamaños de estos envases también cuentan su propia historia. En un principio se tuvieron latas y tapas lisas, pero el transporte y los accidentes representaban un riesgo, pues al ser golpeadas y abolladas podían permitir la entrada de aire que aceleraba la descomposición del alimento. Por lo tanto, se fueron añadiendo marcas o pliegues a lo largo de las latas y al interior de las tapas, esto garantizaba mayor flexibilidad. Para evitar la soldadura de la tapa se confeccionó un sistema de engargolado en las orillas del cilindro y del disco, esto era una serie de dobleces que se ajustaban a presión, dicho sistema aún se utiliza en la industria alimentaria.

La tecnología del empaquetado continúa su curso, desde hace varios años ya se habla de etiquetas inteligentes, capaces de avisar cuando el alimento ya no es seguro, también se habla de envasados biodegradables o naturales, pero la costumbre aún impera sobre la innovación.


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