Líquido puro, virgen, que a nuestros aposentos llegas invadiendo con tu aroma floral y cocinando nuestros alimentos, hoy te rendimos pleitesía. Dentro de la “Alta cocina” el uso del aceite de olivo ha tomado un papel de suma importancia entre los aceites, ya que su pureza, aroma y sabor son inigualables, siendo a su vez de gran aceptación entre los comensales; su consumo al parecer es muy remoto, ya que hasta la fecha no se tienen datos de su descubrimiento ni de las técnicas de prensado para la obtención del caite, además de los métodos para el suavizado y conservación del fruto, si eran en sal o bicarbonato.
El origen del olivo silvestre se puede rastrear al Oriente próximo, y que junto con la vid fueron las primeras plantas en ser cultivadas, partiendo desde el centro de Persia, pasando por Mesopotamia, Egipto, Fenicia para posteriormente llegar a Grecia. En el esplendor de las culturas ubicadas alrededor del Mediterráneo el vino y el aceite de oliva fueron los productos de más importancia, en el caso del olivo como ungüento medicinal, así como fuente de alimento y alumbrado, hasta alcanzar un significado religioso y divino.
Teniendo sus primeras apariciones en el papiro egipcio del siglo XII a. C. la cual hace una ofrenda de los olivares plantados en torno a la ciudad de Heliópolis “De estos árboles puede extraerse al aceite más puro que mantendrá llameantes las lámparas de tu santuario.” ofrecida por Ramsés II al dios Ra. Otra leyenda cuenta que un cerdo, un ciprés y un olivo nacieron sobre el sepulcro de Adán, en las laderas del monte Tabor, siendo la Biblia una fuente de referencia acerca de este árbol.
Pasando por la mitología se narra la promesa hecha por Zeus de conceder la posesión de Ática a la divinidad que diera a sus habitantes el don más útil. Siendo esta Atenea, diosa de la sabiduría y de la paz, quien al triunfar ofreció como regalo el olivo y su aceite de propiedades nutritivas y analgésicas. Convirtiéndose, así, en protectora de la ciudad y su árbol quedó plantado sobre la roca de la Acrópolis. La historia se conmemora en un friso lateral del Partenón.
Después de un largo peregrinar y en manos de los griegos este aceite llega a Italia, tierra a la que no tardó en adaptarse. Su cultivo, habitual también entre los pueblos del norte de áfrica, fue extendiéndose a lo largo de la costa a través de Túnez hasta Argelia y Marruecos y posteriormente, hacia el norte hasta España y Portugal. Para tiempo después llegar a estas tierras que la adoptaron por influencia de los españoles, y que día con día degustamos con agrado sin tener en cuenta todas las historias que no tiene que contar.
Benjamín Ramírez
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