M+.- Un catálogo de arte pésimo en diseño y selección de imágenes que se repiten –el retrato de Natasha de Diego Rivera y su Paisaje con cactus, por ejemplo–, como si no tuvieran más obras para presumir la Colección Gelman. Se salvan textos de Sylvia Navarrete y la entrevista de Marisol Argüelles a James Oles que documentan la historia de un acervo que se exhibió en el Museo de Arte Moderno y desató la “furiosa polémica” de los últimos meses.
Verdades que dice Oles: la colección no “causaría tanta controversia o interés sin las obras de Frida Kahlo” que, junto con Rivera, “son las que se quieren ver en el extranjero”, con la Kahlo “sin sangre, sin sufrimiento, sin lágrimas”, justo como las piezas que sí pueden verse en la colección del Museo Dolores Olmedo. Oles lamenta “no darse cuenta de lo que los Gelman formaron, y no hacer todo lo posible para conservarlo intacto en el país —sin nacionalizarlo, claro— fue una enorme falta de visión del gobierno mexicano en los años 70”. Frida, “desafortunada o afortunadamente, es la reina del arte mexicano”, “un valor comercial y emocional”. ¿Los museos nacionales pierden 10 cuadros de Frida Kahlo?
Sylvia Navarrete cuenta que los Gelman “consideraban su colección como el hijo que no habían tenido”. Les estimulaba el apetito estético, “no invertir ni especular por provecho material”. Jaques “no tenía otra pasión que la pintura”, “un fanático verdadero”, dice Gerzso. Natasha “se reveló visionaria en lo que toca a Frida Kahlo”. Navarrete dice que “Natasha instauró cierta pica con Lola Olmedo” con “23 óleos y siete obras sobre papel de Kahlo”. Robert Littman sostenía que “las colecciones deben ser móviles” y “Natasha aplicó dicho principio y perseveró en esa ocupación en sus años de viudez, de modo que la colección mexicana conoció una evolución paulatina tras la muerte de Jaques”. Hicieron “un organismo vivo”. El heredero Littman, “en su calidad de historiador y por cuenta de la Fundación Vergel cuadriplicó el fondo del origen”. “Los retratos de Natasha Gelman son la simiente de esta sofisticada colección privada, y los autorretratos de Frida Kahlo, su más firme armazón y parapeto defensivo” que causó la “furiosa polémica”.
Lástima de catálogo.