El poder subversivo de la pantomima

  • Columna de Bruce Swansey
  • Bruce Swansey

Ciudad de México /
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Todo comenzó con el asunto de las donaciones mantenidas en secreto. Millones regalados al partido por empresarios que, al decir de los beneficiados, no deseaban nada a cambio de su munificencia. Eran donaciones altruistas que ascienden a 26.7 millones de libras. Nada más. 15 millones fueron donados por Christopher Harbone, un empresario de aviación y cripto finanzas radicado en Tailandia. Es una casualidad que Nigel Farage lleve años abogando en favor de su desregulación y forme parte del proyecto de Reform UK, precisamente el hombre y el partido que son objeto de la generosidad de Harborne y algún otro colega de la cripto esfera.

Farage ha recibido grandes sumas que no son sólo para el partido, sino también para él. Harborne le ha regalado cinco millones para su beneficio personal. La cantidad es lo suficientemente representativa para despertar el interés público, más aún porque hasta hace poco Farage tenía posibilidades de mudarse al número 10 de Downing Street.

Sin embargo, cada vez que los medios le preguntan por esas y otras donaciones, Farage se niega a contestar aduciendo que son cuestiones personales sobre las que no tiene que rendir cuentas. Ese dinero, aduce indignado, es para su seguridad.

“Ningún político ha sufrido tantas amenazas como yo”, explica antes de reiterar indignado que se trata de algo estrictamente personal.

Desgraciadamente para Farage, no lo es. Una pregunta que no encuentra respuesta está destinada a permanecer en el ánimo público cuestionando su integridad. La pregunta sobre los cinco millones llegó para quedarse y se agravó con otra donación de 500 mil libras hecha por George Cottrell, un joven banquero e instigador político, condenado en 2017 en Estados Unidos por fraude. El medio millón es la proverbial gota de agua porque aparte de que Cotrell llama “papito” a quien ya se conoce como Cara de Sapo, el regalo ha dado pie para sospechar lavado de dinero.

La indagación acerca de la posible ilegalidad de estas donaciones ha motivado que Farage renuncie a su asiento en la Cámara de los Comunes y a representar a Clacton-on-Sea, que ganó hace dos años con el 47 por ciento del voto. Interrogado por su intempestiva renuncia, Farage declaró ser víctima del complot del establishment contra un hombre del pueblo. La explicación no fue aceptable ni siquiera para quienes lo eligieron. El verdadero propósito es distraer al electorado y a las autoridades. Educado en escuelas privadas y financiero de profesión, Farage no es ni de lejos un hombre del pueblo y su lucha no es contra el establishment del que forma parte, sino contra la transparencia que debe exigirse a cualquier servidor público.

Farage convocó a nuevas elecciones con la intención de que el voto lo favorezca para exonerarlo. La estrategia no ha funcionado.

“Es una farsa”, dice un entrevistado.

“Se le pasó la mano”, añade otro.

“Se merece competir con un basurero”, comenta jocosamente otro.

Y es que ningún partido ha propuesto candidato aislando a Farage para que el 13 de agosto compita consigo mismo o con un personaje llamado el Conde Cabezadebasurero. ¿Quien tiene como cabeza un basurero puede ganarle la elección a quien tiene la cabeza llena de suciedad? Farage espera la reivindicación pero en cambio puede sufrir una humillación si gana con pocos votos. En todo caso la indagación sobre las donaciones se restablecerá apenas Farage retorne a la Cámara de los Comunes. Toca al Conde Cabezadebasurero ser la némesis que limpie la basura del Viejo Cara de Sapo, reducido al grotesco de la pantomima.

El escándalo por lo menos ha servido para que Keir Starmer promueva, como una de sus últimas tareas de gobierno, un límite anual para las donaciones de 100 mil libras para impedir la excesiva influencia política de individuos sólo atentos a sus intereses y para evitar la injerencia de compañías extranjeras cuyas donaciones deben ser escrutadas rigurosamente. Además, nadie que resida fuera podrá dar dinero a los partidos que se propone sean oficialmente subvencionados por el Estado para mayor transparencia. De aprobarse, Reform y Farage sólo podrían conservar 15 por ciento de las donaciones.

El poder subversivo del humor es indudable: el Conde Cabezadebasurero está llamado a mostrar la vulnerabilidad de quien ya es conocido como Cara de Sapo y que encontrará arduo reconquistar la confianza del electorado en Clacton-on-Sea, por cierto uno de los pueblos más pobres del Reino Unido y donde, según un entrevistado, Farage no ha hecho nada.


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