Guerra de Aranceles, México entre la espada y la pared

  • La tercera de Isaac
  • Carlos Gerardo Landeros Araujo

Laguna /
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La política comercial de la Casa Blanca ha cruzado un nuevo umbral de volatilidad. 

Con la amenaza del presidente Donald Trump de imponer aranceles del 50% a la industria automotriz y siderúrgica canadiense, el tablero de América del Norte se cimbra nuevamente a las puertas de la revisión del T-MEC prevista para este 2026.

Lo que en el papel se diseñó como un bloque económico trilateral articulado y competitivo frente al gigante asiático, en la práctica se ha transformado en un terreno de presiones bilaterales y estiramientos diplomáticos. 

Mientras Canadá adopta una postura de confrontación abierta que ha llevado a la congelación temporal de sus negociaciones, el gobierno mexicano ha optado por una diplomacia quirúrgica y pragmática. 

La presencia del secretario de Economía, Marcelo Ebrard, en Washington no es fortuita: responde a la urgencia de contener posibles daños colaterales y desactivar los casi inevitables gravámenes impuestos.

La amenaza de un arancel del 50% impulsada desde Washington contra los sectores automotriz y siderúrgico canadienses no es un evento aislado; es el síntoma de una reconfiguración agresiva de las reglas de juego en Norteamérica a la espera de la revisión del T-MEC. 

Para México, cuya economía exportadora depende en más de un 85% del mercado estadounidense, las fricciones entre sus socios comerciales representan tanto un riesgo estructural como una oportunidad estratégica de negociación.

El papel estratégico de México en esta coyuntura radica en tres frentes clave:

Integración vs. Dispersión: Retener las cadenas de suministro integradas en el sector manufacturero y automotriz, demostrando que la producción en México no sustituye ni triangula insumos chinos, sino que fortalece la competitividad regional.

Autonomía Posicional: Evitar quedar atrapado en la pinza de las represalias mutuas entre Ottawa y Washington, manteniendo una agenda propia enfocada en la certeza de las inversiones y la estabilidad del tipo de cambio.

Capitalización Institucional: Utilizar la estructura legal del T-MEC como escudo formal, apelando a que las reglas de origen actuales son la mejor garantía para blindar a la región frente a shocks inflacionarios externos.

La fabricación de un vehículo ligero en Norteamérica exige que sus componentes crucen las fronteras del bloque entre 7 y 8 veces antes del ensamblaje final. 

La imposición de aranceles a insumos canadienses, como el aluminio primario o aceros especializados, genera un encarecimiento en cascada para los proveedores instalados en el Bajío y el norte de México.

El clima de incertidumbre arancelaria impacta directamente la toma de decisiones corporativas:

Efecto diferido en Inversión: Los anuncios de expansión o instalación de nuevas plantas de electromovilidad se congelan temporalmente. 

El capital extranjero exige certidumbre sobre si los vehículos hechos en México seguirán enfrentando barreras comerciales o mantendrán preferencia arancelaria respecto a competidores de Asia o Europa.

Reconfiguración de proveedores: La amenaza puede acelerar una localización forzada, impulsando a que empresas asiáticas o europeas aceleren su establecimiento directo en suelo mexicano para suplir el espacio que Canadá o la importación directa desde el exterior pierdan por barreras tarifarias.

Como estrategia, México debe utilizar el déficit que mantiene con EE. UU. en insumos clave como el acero, para cuestionar cualquier imposición tarifaria y exigir un trato asimétrico favorable, solicitando descuentos o exenciones equivalentes a las que disfrutan otros socios globales.

La narrativa nacional debe priorizar demostrar a Washington que sustituir la integración norteamericana beneficia únicamente al bloque asiático, posicionando a la mano de obra y capacidad instalada de México como la única alternativa viable para mantener la competitividad del sector automotriz norteamericano.

México no puede permitirse ser un espectador pasivo en la fractura del norte. 

La firmeza con la que el país gestione sus conversaciones bilaterales en las próximas semanas determinará si el T-MEC sigue siendo el motor de certidumbre para la inversión o si sucumbe al modelo de fragmentación proteccionista que hoy amenaza con redefinir el comercio global.

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