El reto de abrir 400 mil nuevos lugares en educación media superior

  • La tercera de Isaac
  • Carlos Gerardo Landeros Araujo

Laguna /
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El sistema de educación pública en México se encuentra ante uno de sus giros de tuerca más ambiciosos en materia de cobertura social. 

La meta del gobierno federal de habilitar 400,000 nuevos espacios en la educación media superior representa un esfuerzo sin precedentes por cerrar la brecha históricamente crítica en el tránsito del nivel secundaria al bachillerato. 

No obstante, más allá del indudable dividendo social que promete la medida, la viabilidad de este proyecto dependerá de una ajustada ingeniería presupuestal y de la capacidad institucional para transformar ladrillos y matrículas en verdadero capital humano.

La ampliación masiva de la oferta educativa no ocurre en el vacío. El compromiso gubernamental exige conciliar dos presiones opuestas: por un lado, el estricto marco de consolidación fiscal dictado para mantener el déficit público bajo control y garantizar la sostenibilidad de la deuda; por el otro, el gasto recurrente que implica la operación continua de planteles escolares.

Construir aulas o habilitar sedes alternas representa una inversión de capital inicial (CAPEX) que, en un ejercicio presupuestal, se agota relativamente rápido. 

Sin embargo, el verdadero reto fiscal radica en el gasto operativo (OPEX) proyectado a largo plazo:

Contratación y nómina docente: Mantener la relación idónea de alumnos por profesor requerirá la incorporación de miles de plazas con prestaciones de ley e incentivos de retención en zonas apartadas.

Gastos de mantenimiento y servicios: Conectividad digital de alta velocidad, laboratorios equipados y mantenimiento básico en zonas de alta marginación.

El componente de las becas sociales: La política de transferencia directa a estudiantes debe crecer a la par de la matrícula, convirtiéndose en una partida presupuestal rígida e inamovible dentro del Presupuesto de Egresos de la Federación.

A diferencia de sexenios pasados, donde la expansión de la cobertura se concentró de manera predominante en la educación media superior de tipo humanista, la reconfiguración económica global exige una perspectiva distinta. 

El proceso de reubicación de cadenas globales de suministro (nearshoring) en el norte y centro del país ha cambiado la demanda del mercado.

Para que esta meta de 400,000 plazas no se convierta en una fábrica de títulos sin colocación efectiva, los nuevos planteles deberán integrarse directamente a los corredores industriales regionales. 

En el norte el enfoque debe hacerse hacia la manufactura avanzada, la industria automotriz y los semiconductores, mientras que en el sur y centro del país el objetivo es la agroindustria y el desarrollo de la industria de servicios. 

La educación técnica media superior ha dejado de ser una opción de contención social para convertirse en la primera línea de competitividad económica internacional del país.

El desafío no radica únicamente en cuantos lugares se crean, sino en donde se ubican. 

En las grandes zonas metropolitanas (Valle de México, Guadalajara, Monterrey), el problema principal es la saturación de planteles consolidados y el rechazo en los exámenes de asignación. 

En contraste, en las zonas rurales del sur y sureste de México, la barrera no es la falta de cupo en un plantel existente, sino la inexistencia misma de la infraestructura a distancias accesibles.

Para cerrar esta brecha, la estrategia gubernamental no puede apoyarse de manera exclusiva en la edificación de centros de educación urbanos:

Reconversión de espacios subutilizados: Habilitación de instalaciones comunitarias y fortalecimiento de los modelos a distancia con tutorías presenciales.

Vinculación con el nivel básico: Evitar la deserción prematura en el paso de secundaria a media superior garantizando transporte seguro y comedores comunitarios.

El riesgo latente de todo plan masivo de cobertura es privilegiar la métrica cuantitativa, cumplir la cifra de 400,000, a costa de la calidad pedagógica. 

Una aula llena con un docente insuficientemente capacitado o sin acceso a laboratorios no reduce la brecha de desigualdad; simplemente la posterga tres años hasta que el egresado intenta insertarse en el mercado laboral o en la educación superior.

El éxito de esta reforma institucional no se medirá el día que se entregue el último plantel, sino cuando la primera generación de este plan ingrese a la fuerza laboral con capacidades reales para elevar la productividad nacional. 

La estrategia educativa está sobre la mesa; la prueba de fuego será la asignación de recursos en los paquetes económicos presupuestales de los próximos años.

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