Destino

Estado de México /

No hay falla en esta lógica: Basta que a uno se le ocurra buscar una película que alguna vez estuvo en “Nesflis”, para que se acabe descubriendo que ya no está. Y que, peor aún, pulula en otra plataforma para la que, si se está empecinado en verla, haya necesidad de adentrarse a sus fauces y, desde luego, acabar palmando.

Es suficiente con que uno traiga el antojo de algún manjar para que al preguntar por él se nos indique que “se acaba de acabar”. O que haya prisa por llegar a un destino y el maldito ídem se empeñe en hacer cruento el trayecto, poniendo a todos los zopencos del mundo en modo lentitud torpe frente a uno.

Hace años, cuando en la prepa el primo de un amigo divisaba a cierto objeto de su deseo y luchaba por mostrarse atractivo y simpático, solía ocurrir algo que fastidiaba el asunto. En varias ocasiones, ante la proximidad de la fémina, mordía el polvo al tropezarse, trastabillar, dar un mal paso o resbalarse, provocando en la susodicha una sorpresa que, por reiteración, acabó en indiferencia.

En la película El discurso del rey, que alude a la historia de Jorge VI, monarca del Reino Unido, el protagonista acusa tartamudez, misma que se hace presente en los momentos más apremiantes, es decir, cuando debe hablar en público y mostrar el don de mando.

La historia de la comedia se nutre con el infortunio de quienes son víctimas del devenir. Del cine de Chaplin y los Hermanos Marx, a los guiones de Woody Allen y los sketches de Les Luhiers. ¿Será que la ficción, como decían los integrantes de El Palomazo Informativo, supura a la realidad? ¿Qué no es, a fin de cuentas, más que un chiste mal contado?

La historia del día la marmota implica esa reiteración de los hechos. Una suerte de loop que representa la inmutabilidad de la memoria y la certeza de estar condenados al eterno retorno. Eso parece que aplica en la vocación por no dar pie con bola. La indeclinable voluntad de encontrarse con escenarios adversos, sin importar lo que se haya hecho para evitarlos, como ese resultado al que alude Jean de la Fontaine en busca del destino.

Germán Dehesa en el papel de psicoterapeuta en la película Cilantro y perejil se preguntaba por qué se separa la pareja, señalando desconocerlo, “si lo supiera no iría por mi quinto matrimonio”, remataba. ¿Habrá remedio contra las patrañas del destino?, inquiere este escribano. Parafraseando a Germán, no lo sé, si lo supiera no habría adquirido maestría en el arte de regarla.


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