Juro por el Osito Bimbo que así fue.
En plena transmisión del partido Alemania vs. México, luego del gol que puso arriba a la “Salación Naconal”, una duda me nubló la razón.
La compartí con el autor de mis días, con quien veía el pambol y coincidimos.
“Si ganara México, ¿estaría el país preparado para el triunfo?” Se la solté a mi señor padre, obteniendo por respuesta un rotundo no.
Motivos no faltaban para tal paranoia.
En plena efervescencia futbolera, estando hasta la coronilla de las elecciones y con el hartazgo social por los gobiernos y la delincuencia, no era de extrañarse que algún resentido social de esos que nunca faltan saliera con su batea de babas.
El encuentro terminó no sin antes hacernos pasar las de Caín y temiendo que del vaso a la boca se nos fuera a caer la victoria que, suele decir la publicidad, es nuestra.
Carlos Monsiváis llegó a decir, a propósito del fútbol y del “¡Sí se puede!”, grito de batalla más proveniente del temor a perder que de la convicción de ganar que, en efecto, sí se puede, cuando se puede.
Para sorpresa hasta de los más positivos, sí se pudo. Y entonces nos miramos ante un escenario desconocido. Al pueblo tenochca, tan dado al victimismo, a la autoflagelación, a perder estoicamente, pero a perder, a fin de cuentas, resulta que de pronto la vida le cambió.
Y ahí residía también mi temor.
En la certeza de no saber qué hacer con tanta dicha, con tanta felicidad desbordada. Habituados como estamos a brindar por la derrota, a enjugarnos en el complejo de Marga López, apegados a la visión que Octavio Paz fotografió en “El laberinto de la soledad”, en verdad temí que se nos fueran a escapar las cabras para el monte.
Y que el inconsciente colectivo se cobrara de una buena vez todas las que papá gobierno le debe, o que de plano no buscara quién se la hizo, sino quién la pagara.
Digo, no es que no sea mal pensado, pero sabemos de qué pie cojea el resentimiento social y el tamaño de esa necesidad de apropiarse del triunfo cada que un connacional recibe algún reconocimiento.
Total, que México ganó a los teutones y, ciertamente, no supimos qué hacer.
A este fulano que escribe, como a muchos mexicanos, casi se nos salen las de San Pedro al ver al “Chícharito” cantar el himno, al “Chucky” meterla hasta el fondo de las piolas y al técnico nacional advertir que, finalmente, sí fue posible.
Y entonces una duda se apoderó de mi ser y sin poder aguantarme volví a darle lata a mi padre:
“¿Y si todo este tiempo Osorio se las hubiese ingeniado para hacer creer a la gente todo lo contrario a lo que mostró ante Alemania, como parte de una estrategia truculenta, pero fregona?
¿Será verdad que, como dicen sus pupilos, el colombiano es un verdadero genio?”
¿Y-si-sí-cierto?
@fulanoaustral