Gabinete empollado

Ciudad de México /

Con un poco de ocio y otra cosita uno podría hacer un inventario bastante choncho de datos y referencias acumuladas a lo largo de toda una vida. Gracias a ese cúmulo de saberes se cuenta con recursos para sazonar alguna charla o dotar de perspectiva un tema. En el estupendo libro El gabinete de curiosidades del doctor Zagal, sus autores, Pablo Alarcón y Héctor Zagal, dan cuenta de un número considerable de alusiones a los más variados tópicos, dotando con ello de material suficiente para atraer a los afectos a las extravagancias de la información.

Animales, superhéroes, coleccionables y hasta gastronomía discurren por las páginas de la obra cuya lectura es grata y enriquecedora. Sus firmantes sostienen que un gabinete es ese instrumento casi museístico que ha acogido las variopintas posibilidades de lo coleccionable a lo largo de la historia. De ahí el título y la funcionalidad del mismo. En esa lógica, el caudal de curiosidades de este fulano que escribe da para ir engrosando las Australadas que, como la de hoy, echan mano de lo pepenado por aquí y por allá.

Uno de tantos ejemplos gira en torno al pollo Kentucky. O a su cuenta de Twitter, para ser más precisos. Hace años se volvió noticia el descubrimiento de un internauta sobre el perfil del coronel Sanders. A pesar de que algo así como millón y medio de entes le siguen, el bigotón con piochita hace lo propio solamente con once. Al indagar en el chisme, vigente aún, se puede descubrir que entre los implicados están las Spice Girls, además de seis sujetos, que dedicados a distintas actividades tienen en común llamarse Herb.

En el análisis literario se denomina anagnórisis a la herramientas que da luz al giro de tuerca de una trama, al desvelo de alguna circunstancia o a la revelación inesperada. En el ejemplo de este gabinete austral ocurre con las Spice, que son cinco, sumadas a los seis Herb. Las cinco especias y las seis hierbas que conforman, dicen los enterados, los ingredientes de la receta secreta del pollo. El punto es infalible, siempre que sale a cuento hay rostros de sorpresa en los interlocutores.

Y aunque el pollo de KFC no es como para echar las campanas al vuelo y dejar de ser vegetariano, llega a ser medianamente salvable. Solo medianamente. El pollo menos disfrutable lo he probado recientemente en Chicken Crunch, un local cuyo mérito, quizá el único, sea ostentarse como negocio netamente mexicano. Al mejor se le puede hincar el diente en Dooky Chase, el recinto en Nueva Orleans en el que Leah Chase oficiaba como la reina de la cocina criolla.

Una anécdota avícola puede servir también para engrosar las filas de un gabinete. Hace años cierta jefa del hogar informó a sus críos sobre el menú para la tarde. “Hoy van a comer pollo Kentuchi”, dijo la doñita. “¿Cómo que pollo Kentuchi?”, preguntó uno de sus vástagos. “Kentuchingada vida has probado”, remató la alvaradeña madre.

Carlos Gutiérrez

@fulanoaustral


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